Cuando te veaSonreiré!
porque sé que así lo quieres
Sonreiré!
Pero,
si ves que una lágrima asoma,
la primera,
Por favor!,
abrázame fuerte
y no me sueltes.
Pues resulta que La Región no le publica a Xosé Lois O Carrabouxo con esta viñeta. Después de tantos años, O Carrabouxo censurado, noraboa, Xosé Lois. Porque puede, claro, ya quisiera hacer lo mismo con El País, o con los genoveses.

Aunque natural de O Grove, Xosé Conde Corbal (1923-1999) tiene que considerado como ourensano de excepción y de adopción, del que nos sentimos orgullosos. Porque su vida y obra están ligadas a esta ciudad y a su gente, paisajes e historia, y en ella ha dejado un poso personal muy importante e imperecedero. Discretamente, sin la vehemencia y el esnobismo provinciano que tan bien le han funcionado a otros, él sí que tiene merecimientos para ser nombrado hijo, ya no adoptivo, sino predilecto de Ourense.
Las mariñas, tan características y nunca igualadas -el pintor del mar", eran, posiblemente, lo más requerido comercialmente. Hubiera sido millonario, si fuese como otros coetáneos, enriquecidos, y, por tanto, entregados, a base de pasteles de repetidos retratos y maternidades para una burguesía de postguerra, y, no digamos, de sablear al erario público a través de los ignorantes políticos de turno. Pero su coherencia artítica era un reflejo de su coherencia personal y política. Eso explica su calidad, una afortunada mezcla de facilidad con el dibujo, perfecto dominio del colorido y dinamismo con el acrílico, y, por supuesto, su proximidad a los hombres de la mar y a quienes retrataba. Claro que también por su criterio no precisaba pertenecer a grupos, generaciones o lobbys artísticos, lo que ha provocado que su obra no haya sido todavía suficientemente reconocida ni valorada (no digamos ya en comparación con otros artistiñas de su momento). Humildemente, se le debe un reconocimiento público y hagiográfico, tema pendiente, María Victoria, Mercedes Rozas and company, por poco rentable que resulte.
Otro aspecto que todos conocemos son sus singulares retratos de personajes de la historia de Ourense y de Galicia. A él debemos el retrato psicológico de la Xeración Nós, y de tantos artistas, intelectuales y personajes de la historia gallega. El Tucho-Volter conservó un buen muestrario –excelente la recopilación recientemente publicada, y también la conservación del mural en el restaurante María Andrea-, pero, volviendo a su estilo, su desprecio por la fama, le hizo despreocuparse, a diferencia de otros, de labrarse un mayor renombre y de preocuparse en conservar y hacer perdurar un corpus central de su obra. Ése no era su fin.
En esta línea, nos queda hablar de sus paisajes, sus dibujos, su-nuestro Ourense perdurable –aunque algún juez y La Región, morir matando, impidan llamarlo ahora así-. Porque consiguió eso, lo que realmente indica, el Ourense como era, como es. Yo ya no sé si recuerdo la plaza de la Magdalena como era o como él la dibujó. Rezuman amor a esta ciudad todos sus dibujos, sus sitios, sus momentos, tan exquisitamente –nada es casual- escogidos. Con las letras de Risco, aunque ya fuese el Risco final, ese libro inicial se ha convertido en un incunable para las ya inexistentes librerías de ocasión en la ciudad.

Aunque natural de O Grove, Xosé Conde Corbal (1923-1999) tiene que considerado como ourensano de excepción y de adopción, del que nos sentimos orgullosos. Porque su vida y obra están ligadas a esta ciudad y a su gente, paisajes e historia, y en ella ha dejado un poso personal muy importante e imperecedero. Discretamente, sin la vehemencia y el esnobismo provinciano que tan bien le han funcionado a otros, él sí que tiene merecimientos para ser nombrado hijo, ya no adoptivo, sino predilecto de Ourense.
Las mariñas, tan características y nunca igualadas -el pintor del mar", eran, posiblemente, lo más requerido comercialmente. Hubiera sido millonario, si fuese como otros coetáneos, enriquecidos, y, por tanto, entregados, a base de pasteles de repetidos retratos y maternidades para una burguesía de postguerra, y, no digamos, de sablear al erario público a través de los ignorantes políticos de turno. Pero su coherencia artítica era un reflejo de su coherencia personal y política. Eso explica su calidad, una afortunada mezcla de facilidad con el dibujo, perfecto dominio del colorido y dinamismo con el acrílico, y, por supuesto, su proximidad a los hombres de la mar y a quienes retrataba. Claro que también por su criterio no precisaba pertenecer a grupos, generaciones o lobbys artísticos, lo que ha provocado que su obra no haya sido todavía suficientemente reconocida ni valorada (no digamos ya en comparación con otros artistiñas de su momento). Humildemente, se le debe un reconocimiento público y hagiográfico, tema pendiente, María Victoria, Mercedes Rozas and company, por poco rentable que resulte.
Otro aspecto que todos conocemos son sus singulares retratos de personajes de la historia de Ourense y de Galicia. A él debemos el retrato psicológico de la Xeración Nós, y de tantos artistas, intelectuales y personajes de la historia gallega. El Tucho-Volter conservó un buen muestrario –excelente la recopilación recientemente publicada, y también la conservación del mural en el restaurante María Andrea-, pero, volviendo a su estilo, su desprecio por la fama, le hizo despreocuparse, a diferencia de otros, de labrarse un mayor renombre y de preocuparse en conservar y hacer perdurar un corpus central de su obra. Ése no era su fin.
En esta línea, nos queda hablar de sus paisajes, sus dibujos, su-nuestro Ourense perdurable –aunque algún juez y La Región, morir matando, impidan llamarlo ahora así-. Porque consiguió eso, lo que realmente indica, el Ourense como era, como es. Yo ya no sé si recuerdo la plaza de la Magdalena como era o como él la dibujó. Rezuman amor a esta ciudad todos sus dibujos, sus sitios, sus momentos, tan exquisitamente –nada es casual- escogidos. Con las letras de Risco, aunque ya fuese el Risco final, ese libro inicial se ha convertido en un incunable para las ya inexistentes librerías de ocasión en la ciudad.
Pues resulta que La Región no le publica a Xosé Lois O Carrabouxo con esta viñeta. Después de tantos años, O Carrabouxo censurado, noraboa, Xosé Lois. Porque puede, claro, ya quisiera hacer lo mismo con El País, o con los genoveses.