Ése es el título de un post no leído de un blog hermano, nacido de una situación de fracaso.
Pero, desde entonces, y con el paso del tiempo, me martilleaba continuamente el cerebro, como una melodía pegadiza, sin acertar el motivo.
Con el tiempo, descubrí dos luces que me ayudaron a salir del túnel:a) La luz de la aparente incongruencia: Resuelto el fracaso, provisional, seguía utilizando la máxima como definición vital. Ella, que tanto valor le da al lenguaje y a los mensajes que presuntamente incorpora.
b) La luz del blog padre de todos los blogs, siempre recomendable, al que recientemente reaccedí –uf-, que incorpora, permanente, la siguiente cita de J. Lucien Arreat: “A menudo, entre nuestros motivos de acción hay uno más poderoso que los demás: el que no se dice”.
Eureka! Estaba muy claro, los árboles nos estaban impidiendo ver el bosque –la incluyo a ella-. No se quejaba de la frustración de lo no conseguido, qué va. Lo que decía, sin querer decirlo, era que, realmente, lo que había venido a buscar, sin saber, era eso, experiencia, solamente experiencia vital. ¡Qué sencillo!
De hecho, hay estudios que evidencian que las jóvenes que mantienen “relaciones” con personas mucho mayores y/o en pareja lo hacen para obtener experiencia sin compromisos, porque con ellos la puerta de salida siempre está abierta, sólo las más maduras permanecen, o se quedan. Algo así como la seducción al profesor, más por autoestima adolescente que por deseo real de relación, palabra tabú.
Si así ha sido, si ha sido mi Pigmalion, si ha sacado algún fruto, si ahora es mejor -yo así lo creo-, mi sentimiento es de satisfacción. Di, aporté, siempre honestamente y en libertad, todo lo que pude, todo lo que supe. Me quedo con el resultado y con la felicidad del camino. Claro que no era mi objetivo, pero, ¿qué hacer cuando has sido rechazado, cuando ni la amistad sobrevive?
Naturalmente, si algún día ella llega a leer todo esto, primero, lo negará totalmente; segundo, me diría, sin decir, deja de dar vueltas a las cosas, y sé feliz; y, tercero, se distanciará. Pero, como más es imposible, ¡qué más da todo!







































