Ahora quiero ser millonario. Jugaré todas las semanas a la bonoloto.Sí, he dicho y reitero que los juegos de azar y el sueño del futuro mejor con el dinero fácil de los premios do chou es un mecanismo del poder para anestesiar la vida real. No es el caso.
Tampoco me ha influido el reciente premio millonario sellado en el centro comercial Ponte Vella –menudo ejemplo de gestión local, en pleno centro, en las orillas del río y con pasarela pública de acceso a recinto privado, y no pasa nada-.
Realmente, no sé para qué quiero el dinero, no creo que ayude al amor, que no se puede comprar ni mendigar, porque siempre es un maravilloso regalo diario. Simplemente jugaré para aprovechar mi racha.
Ya la dice el saber popular: Afortunado en el juego, desafortunado en amores.
Supongo será también y viceversa, ¿no?.
Desde Texas lo confirmaré. Si me toca, claro

(Ni qué decir que la viñeta es del gran Mingote, robado de la página 13 del XLSemanal. Imperdonable que no haya entrado por aquí antes el académico, por favor, no piense que tengo algo en contra de los conservadores, salvo, claro, su deseo de que nada cambie, conservar las cosas y los sentimientos como están, algo mucho más contranatura que tantas prácticas sexuales tan placenteras como por ellos reprobadas, seguro. Porque la vida es un continuo cambio, y, aunque a veces no os guste ni lo queramos, sólo subiéndonos a su carro evitaremos dejar atrás nuestra fortuna).





































