Podría repetir el post de aquel 10 de marzo, Semana Santa, en que su ausencia me desgarraba. Y sería tan sincero como el resto de entradas. Pero hay alguna diferencia. Entonces, ella estaba fuera, ausente por vacaciones, disfrutando de la vida. Ninguna promesa, ningún compromiso, esos siempre fueron nuestros pactos no escritos. Sin embargo, me había saciado de amor como nunca antes de marchar. Confiaba en ella, sólo añoraba su presencia, mi tesoro.
Hoy, luna llena, como entonces, también lleva ausente muchos días. Ahora no es por la distancia, que no existe, sino por su voluntad. Ninguna promesa, ningún compromiso, nada que reprocharle. Por eso el dolor es mayor, no hay droga que lo calme, os lo aseguro. Quizás el tiempo, quién sabe, dejadme al menos ese consuelo, también yo quiero engañarme hoy.
2 comentarios:
Mi querido amigo!!
La que describes es la peor de la caras que tiene el amor. Aceptamos a sabiendas el trato (ningún compromiso, ninguna...). Reconozco tu voz y tu sentir, porque aún siendo solo tuyo, es parejo al que yo tuve un día. Es difícil sustraerse a la necesidad de darse y el goce de recibir. ¿Que es sino el amor, mas que la entrega incondicional de lo que somos?.
No es engaño amigo, el tiempo es la clave. El te permitirá poner cada cosa en su lugar... y puedes estar seguro de que para cosa hay un sitio, incluso para los amores desterrados.
Un beso grandote.
Gracias, Elen, por tus palabras.
Me ayudan en este momento, y no sólo por echarlas de menos.
Ojalá tengas razón, mejor dicho, seguro que tienes razón.
Un beso desde il cuore desgarrado ("confía en mí, nunca te haré daño", me dijo).
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