Desde entonces, siempre en la pole, la primera en salir en los semáforos, siempre a gran velocidad, huyendo corriendo, marcando el camino a los demás, que intentaban seguirla. Se acabaron bocinazos, chuleos, tensión, hasta humillaciones anteriores. Y, además, para qué negarlo, la gozaba.Pero, al poco tiempo, descubrió la trampa. No es que ella lo hubiera decidido, qué va, es que, realmente, eso era lo que los demás preferían, un líder a quien seguir, una guía para la conducción, para la vida diaria.
Y quiso cambiar, quiso volver a ser la gregaria, dejarse llevar, pasar el testigo, confiar, sería mucho más cómodo, más sencillo, como antes. Y, además, los insultos ya no le afectaban, había crecido.
Pero ya era tarde. El estilo de conducción no se cambia de la noche a la mañana, y manejarse con soltura en el tráfico diario es imprescindible en estos tiempos, so pena de sufrir un accidente, de imprevisibles consecuencias. Ante todo, seguridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario