domingo, 21 de junio de 2009

Madriz Express

El Madriz Express (ida y vuelta en un día) es poco aconsejable para la salud, pero no todo en la vida es bueno o malo, blanco o negro. Claro, quedan siempre mil cosas por hacer, qué rabia, pero –botella medio llena, always-, ¡cuánto disfrutamos las que hacemos! El solo cambio de aires, ya constituye una buena medicina para el desaliento.

Y muchas más cosillas a apuntar en este breve lista-listilla de reflexiones post jet lag en Citröen C4:

a) Es grande la capital, carallo. Y, cuanto más grande, más impersonal, muy, muy impersonal. Por cierto, qué felicidad, descubrirse como un pánfilo mirando a los ojos a la gente, chequeando si son conocidos, como aquí, hasta despreocuparse del tema, a los cinco minutos.

b) La miseria, o menor-calidad-de-vida, eufemísticamente hablando, es evidente. Se mastica en todos lados, pero es proporcional a la lejanía de la zona centro, un solo viaje en metro resulta el mejor análisis socioeconómico.

c) (a+b): Siempre resulta conveniente viajar a Madrid para valorar lo bien que vivimos “en provincias”, algo de lo que no siempre nos percatamos. (Como de las cosas importantes, los humanos somos tan absurdos que tenemos que perderlas para valorarlas).

d) El calor, seco y asfixiante, y la felicidad de perderse, sin rumbo fijo, por las calles, como génesis de una nueva definición del amor. Si hasta ayer, amor era el deseo de compartir con tu pareja largos paseos por las grandes avenidas, ayer, con los 40 grados, el mejor deseo era que no estuvieras a mi lado, para evitarte el sufrimiento, el sudor y el cansancio de tanto calor. Amor como entrega, anti-egoísmo, es la única manera, malgré moi.

Y poco más. Detalles-retazos-flashses:
- Loros en los árboles de la petada Casa de Campo, mascotas huidas o abandonadas por sus dueños, que se reconvierten y crean su ecosistema, conviviendo con cigüeñas y otra fauna.
- La visita a las más pequeñas, siempre reconfortante, unos meses es un mundo en la vida de estas maravillas todavía exentas de tristeza, fracasos y recelos.
- La sorpresa, no pongamos adjetivos, de estar fuera y no poder comprar algo, el más pequeño detalle, la sorpresa, siquiera postal, por no proceder, no ser bien recibida. Lo dicho, sin adjetivos.
- El teatro, siempre es una excusa el viaje, muy fuertes tienen que ser las causas para faltar a una función. Esta vez, timing mandaba, un hilarante “39 escalones”, con Gabino Diego y Beatriz Rico, en el coqueto teatro Maravillas, de la preciosa calle Malasaña, ahora reconvertida en lo-más-in, destino y paseos obligados.
- Ah, claro, se me olvidaba! Para comer, ya de vuelta, y como los chistes de Arévalo nunca nos gustaron, afortunada parada lúdico-gastronómica en Medina del Campo.

Y, tras el cansancio, la vuelta a la normalidad, resulta muy difícil huir, como en los “39 escalones” de Hitchcock, continuamente de la realidad.

No hay comentarios: