En la mía, la nuestra, disfrutaba el camino cada minuto, lleno de confianza y de libertad, hasta su adiós sin adiós. El dolor, la amputación y su forma, no se pueden expresar con palabras, no hay combinaciones posibles de letras, ni regaladas, que alcancen eso. Y dejé al tiempo, la cocción lenta, la perspectiva, hacer su trabajo. No es todavía como se merece, pero, al menos, es mejor. No es feliz, pero al menos es más feliz que conmigo, no en vano ha ratificado su decisión cada día del año. Quizás no ha llegado, por eso, todavía el momento de volar sola. Salvo que ella, su intuición, así lo haya decidido. Y, ante eso, y ante la sospecha, la capsy seguridad, de que ya ha paseado por acá, no procede interferir. Como dicen los católicos, esa gente que puede pecar con la tranquilidad de que va a ser perdonada, amén, así sea, así será.
martes, 15 de diciembre de 2009
Exitus por/para no interferir
Nunca he modificado ni borrado ningún post, ni un simple comentario, así eran y así quedaron, el reflejo, nublado, atenuado con el raciocinio, el tiempo de decalaje y el respeto a la intimidad también. Ésta es la primera y la última excepción, creo, ya sabéis, la seguridad absoluta es propia sólo de l@s imbéciles. Porque incluía el decálogo como único texto, pero… tantas veces me he preguntado si había sido correcto aparecer, mucho he reflexionado al respecto. E, incluso con el tiempo, máximo hacedor, llego a la misma respuesta: Sí, tenía que haberlo hecho, para no morir en vida, para no ser –más- un zombie, un cobarde errante escapando de su destino. Y sí, tuve que seguir, peleando, on my way, por él. Sabía, presentía, que cada día era un día menos para un final anunciado. Y que cada día, ella crecñia, era algo mayor, Pigmalion la llamaba, añorando el mito, más que la florista y su honónimo efecto.
En la mía, la nuestra, disfrutaba el camino cada minuto, lleno de confianza y de libertad, hasta su adiós sin adiós. El dolor, la amputación y su forma, no se pueden expresar con palabras, no hay combinaciones posibles de letras, ni regaladas, que alcancen eso. Y dejé al tiempo, la cocción lenta, la perspectiva, hacer su trabajo. No es todavía como se merece, pero, al menos, es mejor. No es feliz, pero al menos es más feliz que conmigo, no en vano ha ratificado su decisión cada día del año. Quizás no ha llegado, por eso, todavía el momento de volar sola. Salvo que ella, su intuición, así lo haya decidido. Y, ante eso, y ante la sospecha, la capsy seguridad, de que ya ha paseado por acá, no procede interferir. Como dicen los católicos, esa gente que puede pecar con la tranquilidad de que va a ser perdonada, amén, así sea, así será.
En la mía, la nuestra, disfrutaba el camino cada minuto, lleno de confianza y de libertad, hasta su adiós sin adiós. El dolor, la amputación y su forma, no se pueden expresar con palabras, no hay combinaciones posibles de letras, ni regaladas, que alcancen eso. Y dejé al tiempo, la cocción lenta, la perspectiva, hacer su trabajo. No es todavía como se merece, pero, al menos, es mejor. No es feliz, pero al menos es más feliz que conmigo, no en vano ha ratificado su decisión cada día del año. Quizás no ha llegado, por eso, todavía el momento de volar sola. Salvo que ella, su intuición, así lo haya decidido. Y, ante eso, y ante la sospecha, la capsy seguridad, de que ya ha paseado por acá, no procede interferir. Como dicen los católicos, esa gente que puede pecar con la tranquilidad de que va a ser perdonada, amén, así sea, así será.
Post de posts, the one
DECÁLOGO
1. Nunca nada te pedí, y por tanto nunca nada jamás te reprocharé.
2. Nos veremos solamente cuando tú quieras, preferiblemente sólo cuando lo desees mucho. Siempre estaré donde quieras que esté.
3. Nunca olvides que siempre puedes confiar en mí, es mi compromiso.
4. Tú tienes que ser siempre tú, tú misma, sin cambiar ni ceder ni domesticarte, por nada ni por nadie.
5. Eres joven, y tienes que vivir la vida a chorros, y en libertad, para recuperar el tiempo perdido y para crecer, conocerte, amarte y amar.
6. Mi objetivo sólo pasa por tu felicidad, es la prioridad. Sí tú eres feliz, yo soy feliz; si no eres completamente feliz, nada tiene sentido.
7. La felicidad de los demás, sólo depende de ellos; nunca lo olvides ni dejes que te confundan ni amortigüen tu intuición.
8. Nunca aceptes ser segundo plato o recambio de nada, tu estrella brilla sola siempre, con intensidad única.
9. Acompáñate siempre de quien, además de quererte, sienta, en cada minuto, orgullo y confianza por ti, como tú de él.
10. Y, sobre todo, no lo olvides nunca, el tiempo es sabio, pone luz a las tinieblas y confusiones, y coloca, armonioso, siempre todo en su sitio.
1. Nunca nada te pedí, y por tanto nunca nada jamás te reprocharé.
2. Nos veremos solamente cuando tú quieras, preferiblemente sólo cuando lo desees mucho. Siempre estaré donde quieras que esté.
3. Nunca olvides que siempre puedes confiar en mí, es mi compromiso.
4. Tú tienes que ser siempre tú, tú misma, sin cambiar ni ceder ni domesticarte, por nada ni por nadie.
5. Eres joven, y tienes que vivir la vida a chorros, y en libertad, para recuperar el tiempo perdido y para crecer, conocerte, amarte y amar.
6. Mi objetivo sólo pasa por tu felicidad, es la prioridad. Sí tú eres feliz, yo soy feliz; si no eres completamente feliz, nada tiene sentido.
7. La felicidad de los demás, sólo depende de ellos; nunca lo olvides ni dejes que te confundan ni amortigüen tu intuición.
8. Nunca aceptes ser segundo plato o recambio de nada, tu estrella brilla sola siempre, con intensidad única.
9. Acompáñate siempre de quien, además de quererte, sienta, en cada minuto, orgullo y confianza por ti, como tú de él.
10. Y, sobre todo, no lo olvides nunca, el tiempo es sabio, pone luz a las tinieblas y confusiones, y coloca, armonioso, siempre todo en su sitio.
Te quiero, adiós
Te quiero,
Y es por eso que deshago el camino
Que hasta aquí me había traído,
No cansado, desolado, quizás,
Quizás exhausto
Por no haber logrado
Un lo mismo, un deseo,
Sólo un porcentaje, reactivo,
Tan insuficiente como estéril.
Despojado de nada que nunca tuve,
Me llevo mis recuerdos.
A cambio, esa ilusión,
Infantil, inocente, enferma,
Quién sabe, el tiempo dirá,
Si ridícula o patética también,
Que yo creía limpia
Y siempre sincera.
Son mi trofeo, mi premio,
Mi alimento de supervivencia
Para este viaje que inicio solo,
Como siempre, sin ti,
pero diferente ahora, ya.
SCQ 2009
Y es por eso que deshago el camino
Que hasta aquí me había traído,
No cansado, desolado, quizás,
Quizás exhausto
Por no haber logrado
Un lo mismo, un deseo,
Sólo un porcentaje, reactivo,
Tan insuficiente como estéril.
Despojado de nada que nunca tuve,
Me llevo mis recuerdos.
A cambio, esa ilusión,
Infantil, inocente, enferma,
Quién sabe, el tiempo dirá,
Si ridícula o patética también,
Que yo creía limpia
Y siempre sincera.
Son mi trofeo, mi premio,
Mi alimento de supervivencia
Para este viaje que inicio solo,
Como siempre, sin ti,
pero diferente ahora, ya.
SCQ 2009
Despedida, un año después
Hoy hace un año.
"Tu correo de ayer, ¿es una despedida?", me preguntabas el día siguiente.
"No es una despedida, es la percepción de una despedida, más bien", contesté.
Y así fue. "Necesito un margen", seguido, 11 días después, esta vez en persona, de un más cruel "No estoy enamorada de ti".
"Publicaré una entrada cada día de este nuevo año. Y el día que falte, sabrás que tenías razón, que no te amaba, o que habré muerto", me dije, sólo a mí mismo.
Hoy no han pasado siquiera dos meses, serán doce cuando esta entrada -¿final?- salga a la luz.
Aquel correo, dolorosa y espontánea respuesta a un post vecino -"¿Quién tiene el saber?"-, sólo incluía estas palabras:
Soy un sueño, una sombra,
un fantasma de sí mismo,
una derrota, un pasado inacabado,
un fin de ciclo, una promesa
abortada, un final de un fin,
un sueño sin futuro, una poesía rota,
una mentira, una sorpresa que se sabe,
una cicatriz sin herida,
una herida que no existe,
un dolor que no se acaba,
un silencio entre el silencio,
un nada, un no importa, un es lo mismo,
una historia no empezada,
una sinrazón, un mal ejemplo, una condena,
un castigo inmerecido, o no,
un fraude, un desconocido, tanto,
que ni siquiera sé qué soy.
14/12/2008 23:00
"Tu correo de ayer, ¿es una despedida?", me preguntabas el día siguiente.
"No es una despedida, es la percepción de una despedida, más bien", contesté.
Y así fue. "Necesito un margen", seguido, 11 días después, esta vez en persona, de un más cruel "No estoy enamorada de ti".
"Publicaré una entrada cada día de este nuevo año. Y el día que falte, sabrás que tenías razón, que no te amaba, o que habré muerto", me dije, sólo a mí mismo.
Hoy no han pasado siquiera dos meses, serán doce cuando esta entrada -¿final?- salga a la luz.
Aquel correo, dolorosa y espontánea respuesta a un post vecino -"¿Quién tiene el saber?"-, sólo incluía estas palabras:
Soy un sueño, una sombra,
un fantasma de sí mismo,
una derrota, un pasado inacabado,
un fin de ciclo, una promesa
abortada, un final de un fin,
un sueño sin futuro, una poesía rota,
una mentira, una sorpresa que se sabe,
una cicatriz sin herida,
una herida que no existe,
un dolor que no se acaba,
un silencio entre el silencio,
un nada, un no importa, un es lo mismo,
una historia no empezada,
una sinrazón, un mal ejemplo, una condena,
un castigo inmerecido, o no,
un fraude, un desconocido, tanto,
que ni siquiera sé qué soy.
14/12/2008 23:00
domingo, 13 de diciembre de 2009
Locos egregios(11): El payaso gordinflón
Al principio le daba mucha vergüenza, menos ahora. Lo que no quiere decir que sea fácil conseguir una foto suya, imposible si se da cuenta. Y no es una excusa, no os imagináis lo que ha costado.
Vio un nicho de mercado, un GAP, y ahí está, aprovechándose de la inocencia de los niños y de la confianza que depositan en un payaso, para ellos siempre bueno, para vivir de la voluntad de los padres –no tiene precio fijado por globo, lo que se le quiera dar, otro aspecto distintivo de su negocio-.
Por eso, aunque hoy está aquí, en este patíbulo de locos egregios, de tolo, ni un pelo. Aunque él se lo haga, y muy bien, cuando se ve observado o nos acercamos a él, siempre en el Paseo. No en vano dispone de un permiso municipal para su actividad, no como los manteros. Ignoro en qué epígrafe habrán codificado los burócratas del concello la correspondiente tasa (inflador de globos multicolores, expendedor de alegría infantil, impuesto revolucionario paterno, o algo así será), habría que preguntarle a Adriana, la sin duda más bella y maja funcionaria, y no sólo en de economía.
Lleva ya mucho tiempo, ya es parte del paisaje humano de la ciudad. Por eso entra hoy aquí. Y también por su disfraz y su pintura, de payaso, de clow, de bufón, al fin y al cabo. Mitad para alegrar, aunque en este caso sea por dinero, mitad para ocultarse, para no dejarse ver. Como el joker, aunque éste lo haga por otros motivos.
Vio un nicho de mercado, un GAP, y ahí está, aprovechándose de la inocencia de los niños y de la confianza que depositan en un payaso, para ellos siempre bueno, para vivir de la voluntad de los padres –no tiene precio fijado por globo, lo que se le quiera dar, otro aspecto distintivo de su negocio-.Por eso, aunque hoy está aquí, en este patíbulo de locos egregios, de tolo, ni un pelo. Aunque él se lo haga, y muy bien, cuando se ve observado o nos acercamos a él, siempre en el Paseo. No en vano dispone de un permiso municipal para su actividad, no como los manteros. Ignoro en qué epígrafe habrán codificado los burócratas del concello la correspondiente tasa (inflador de globos multicolores, expendedor de alegría infantil, impuesto revolucionario paterno, o algo así será), habría que preguntarle a Adriana, la sin duda más bella y maja funcionaria, y no sólo en de economía.
Foto: La Región, 2/01/10, especial Pazolandia
sábado, 12 de diciembre de 2009
Puzzle resuelto al final de túnel
Tanto, tanto tiempo después, la luz. Cientos de horas pensando, reflexionando, necesaria pero involuntariamente, y, al final, la luz. Todo encaja, finalmente, menos mal. Porque el dolor, ya crónico, en forma de tristeza, mirada triste por momentos, está ya consolidado en mi personalidad. En buena parte era por saber que no eras plenamente feliz, lo único importante. Otra, en intentar entender tu adiós sin adiós. Era un puzzle que no encajaba, al que parecía que le faltaban piezas. Y hoy, tanto, tanto tiempo después del túnel, la luz.
Te conocí, te vi, mejor dicho, en un acto masivo, tu puesta de largo, muchísima gente, políticos inclusive, y tu esfuerzo, consciente o no, ya era llamar la atención. No sólo por esa gabardina blanca, era tu presencia, entre asustada y retadora, nadie notaba tus nervios, la que me turbó, la que me obligó a investigar en ti. Costó, ¿te acuerdas de tus respuestas a las dos, tres veces que te sugerí tomar un café? Te lo recuerdo: risas, te reías de mí, literalmente. Risas altivas y orgullosas, como su presencia aquella vez, pero inseguras, más defensivas que hirientes. Eso vi, por eso no hubo el “hasta luego, Lucas”, por eso me llamaste, quedamos, ya desde el principio intuía las piezas del puzzle de la muñeca rota.
Y así fue cada día. En las primeras citas, breves cafés, la esquina del Miudiño como testigo, además de escondidos nervios iniciales, esa posición altanera, esa calificación, siempre baja, del considerado rival, esa postura vital tuya. Yo soy grande, quien quiera algo de mí tendrá que currárselo, y, al que no le guste, que se pire, vampiro, porque yo lo valgo, y, sobre todo, porque nunca nadie más volverá a hacerme daño. El ataque como defensa, la iniciativa siempre, nunca un renuncio, no bajar la guardia jamás, corrigiendo errores en posteriores razonamientos en tu dormitorio –tú sí que razonabas, como me reprochabas, 1331, como hasta ahora hoy yo, como cuando algo no entiendes, no encaja-.
De hecho, más piezas aisladas del puzzle, tu pavor a un comentario intranscendente, para matar un silencio, que incluía la palabra “relación”, o tu orden, mandato, de vernos sólo cuando tú quisieras, y siempre mediante mensajes, nunca llamadas. Así fue, siempre, nunca lo quisiste realmente cambiar. Nada, tampoco, de decirnos nada importante a la cara, otra norma no escrita, como la principal, “no promesas, no mentiras, no reproches”, ésta sí consensuada tácitamente.
De esa forma podías vivir, intensa, absoluta y libremente, la vida que quisieras, con quien quisieras, sin explicaciones a nadie, ni a ti misma, sin contradicciones. Por eso también, sin entenderlo, nació el decálogo, nada es casual. Comunicado indirectamente, ya ves, así eras, tuvo que haber un blog para comunicarnos -¿fue casual que me enviaras, meses antes de entrar, la dirección del blog hermano, erróneamente en un chat?-. Incluso recuerdo, más piezas, esta vez en el Grándola, me enseñabas tú misma la entrada de The Story para gritármela, para darle su valor, nunca nada directamente, siempre, como el blog, soy hombre, tardando un mundo en darme cuenta de todo.
Nos veríamos sólo cuando tú quisieras, es decir, cuando lo deseases mucho. ¿Sencillo? Sólo tú sabes cuánto deseabas verme, el mensaje, la cita, era cuando se hacía insoportable mi ausencia, no como ahora, cuando, pese a tu obstinación, orgullo y capacidad de sufrimiento, no podías evitarlo, cuando te cansabas de buscar en google mi nombre seguido de “te extraño”, como un gran día vi, hay que borrar siempre los ficheros temporales, nunca nada te dije, descubrí delante de ti (¿el mismo día que te dejó/dejaste tu entonces último castigado, el mismo día que tu amiga te reprochaba telefónicamente estar conmigo?).
Lo bueno, y también era lo necesario, es que entonces, aunque siempre disfrazada de grandeza, altivez, incluso aparente desidia, indiferencia, asomabas como realmente eres, no querías desaprovechar el tiempo hasta la nueva cita. Y te relajabas, y confiabas, eso sí, sin bajar nunca la guardia, y reprochándote al llegar a casa esa soltura, esa complicidad, esa mirada limpia, desconocidas en ti. Ahí fui muy, muy afortunado. Mi intuición me permitió ver en ti, desde el principio, los que otros, los que se quedaban en la pantalla, el polvazo, el culto al cuerpo, la nunca indiferente vestimenta y pose, la aparente seguridad, todos, no veían. Yo te veía como realmente eres, como ya te dije, mi niña, no mi Pigmalion, no confundas, grande, muy, muy grande, noble, sincera, infantil, necesitada de amar y ser amada, de dar y recibir amor sin límites ni condiciones. Como eras antes, un año, dos antes, y no tu imagen, tu absurda mascarada, tu correr por delante de todos escapando de nada, tu coraza transparente. Fui muy, muy afortunado, te doy las gracias, no es ironía, puedes llorar si quieres, nunca hace mal. Y eso que la situación, cada cita, cada encuentro, cero reproches, suponía una fisura en tu máscara, despegarse el envoltorio, destruir tus nuevas seguridades, tu nueva vida, algo doloroso, y, sobre todo, racionalmente no deseado. Más piezas del puzzle. Y, aún así, volvías, provocabas los encuentros. Yo intentaba apurarlos, me consumían las despedidas, porque, sin saberlo, sin darme cuenta, sabía de esa contradicción interior que te provocaba, esa dura batalla diaria que te acabó arrancando lágrimas en silencio y soledad. También, sin saberlo, sabía, creía que el tiempo correría de mi parte. No, no por hacerte cambiar, yo nunca, nunca, quise que cambiases, nunca nada te dije, me callaba siempre, en nada. Ni de lo que hacías ni de tu forma de vestir, más por llamar la atención que por sentirte bien, ni de nada. Deseaba, como hoy deseo, que fueras como realmente eres, como era el aura de tu foto de amarillo en hi5 -¿aún está?-, relajada y feliz, tú misma, relajada y feliz, aunque sabía, intuía, que eso sólo lo hará el tiempo. Por eso cada día era un día más en el que no todo el mundo era malo y culpable de todo, era un día en el que confiabas, en el que podías cerrar los ojos, en el que nada temías, era un paso más, eras mejor.
Por eso te fuiste. Para no verlo. Es más cómodo la excusa, cualquiera vale, el culpable permanente, la transgresión como respuesta. Bien hecho. Si ya tenías tu propio jocker interiorizado, ¿para qué cambiar? Como diría tu amiga, el cambio, ¿qué te aporta?. No será por no conocer las alternativas, mira que costó que descubrieras que todo era posible. Recuerdo que dudabas de mí, me tenías como tienes a todos los hombres, como quienes sólo quieren aprovecharse de ti. ¿Te acuerdas de aquel incidente en el miudiño? ”Yo sólo busco acostarme contigo”, como broma, ironía, después de toda una tarde y todo un mundo demostrándote lo contrario, lo que hoy te digo, los dos besos en las mejillas como único acercamiento, y quisiste creer que era cierto. Pocos disgustos así recibí, no es un reproche, sino otra pieza del puzzle, parecía todo absurdo, como hasta hoy, como si nada hubiera valido para nada, como si no quisieras salir, ni siquiera conmigo, de ese cliché de “mujer castigada se convierte en mujer castigadora, para que nunca más un hombre le haga daño”.
¡Qué rollo! ¡¿Lo siento?! Acabo. Cuando sea, cuando toque, se caerá ese miedo, ese disfraz permanente, esa necesidad de causar buena impresión a todo el mundo, de seducir para no sentirse mujer rechazada, de llamar la atención por sentir que pasar desapercibida es sentirse humillada. Esa necesidad de no desvelarse, descubrirse, ni mirar a la cara, ni a los transeúntes, te sorprendía tanto en mí, no lo concebías. Mi grano de arena fue ver, por vez primera, que la felicidad es posible, que el túnel tiene salida. Llegará. Tardará, sin duda, posiblemente mucho. Con o sin pareja, qué más da. Pero serás feliz, en el grado que te lo propongas, ya te lo dirá mi amigo el perseguidor, relajadamente feliz, riéndote de la vida, sin actuar, sin sentir que la vida se ríe de ti, con una tranquilidad no exenta de locura ni infantilismo, pero ya no forzado, sino confiada y feliz. Llegará, al final de túnel, la luz.
Te conocí, te vi, mejor dicho, en un acto masivo, tu puesta de largo, muchísima gente, políticos inclusive, y tu esfuerzo, consciente o no, ya era llamar la atención. No sólo por esa gabardina blanca, era tu presencia, entre asustada y retadora, nadie notaba tus nervios, la que me turbó, la que me obligó a investigar en ti. Costó, ¿te acuerdas de tus respuestas a las dos, tres veces que te sugerí tomar un café? Te lo recuerdo: risas, te reías de mí, literalmente. Risas altivas y orgullosas, como su presencia aquella vez, pero inseguras, más defensivas que hirientes. Eso vi, por eso no hubo el “hasta luego, Lucas”, por eso me llamaste, quedamos, ya desde el principio intuía las piezas del puzzle de la muñeca rota.Y así fue cada día. En las primeras citas, breves cafés, la esquina del Miudiño como testigo, además de escondidos nervios iniciales, esa posición altanera, esa calificación, siempre baja, del considerado rival, esa postura vital tuya. Yo soy grande, quien quiera algo de mí tendrá que currárselo, y, al que no le guste, que se pire, vampiro, porque yo lo valgo, y, sobre todo, porque nunca nadie más volverá a hacerme daño. El ataque como defensa, la iniciativa siempre, nunca un renuncio, no bajar la guardia jamás, corrigiendo errores en posteriores razonamientos en tu dormitorio –tú sí que razonabas, como me reprochabas, 1331, como hasta ahora hoy yo, como cuando algo no entiendes, no encaja-.
De hecho, más piezas aisladas del puzzle, tu pavor a un comentario intranscendente, para matar un silencio, que incluía la palabra “relación”, o tu orden, mandato, de vernos sólo cuando tú quisieras, y siempre mediante mensajes, nunca llamadas. Así fue, siempre, nunca lo quisiste realmente cambiar. Nada, tampoco, de decirnos nada importante a la cara, otra norma no escrita, como la principal, “no promesas, no mentiras, no reproches”, ésta sí consensuada tácitamente.
De esa forma podías vivir, intensa, absoluta y libremente, la vida que quisieras, con quien quisieras, sin explicaciones a nadie, ni a ti misma, sin contradicciones. Por eso también, sin entenderlo, nació el decálogo, nada es casual. Comunicado indirectamente, ya ves, así eras, tuvo que haber un blog para comunicarnos -¿fue casual que me enviaras, meses antes de entrar, la dirección del blog hermano, erróneamente en un chat?-. Incluso recuerdo, más piezas, esta vez en el Grándola, me enseñabas tú misma la entrada de The Story para gritármela, para darle su valor, nunca nada directamente, siempre, como el blog, soy hombre, tardando un mundo en darme cuenta de todo.
Nos veríamos sólo cuando tú quisieras, es decir, cuando lo deseases mucho. ¿Sencillo? Sólo tú sabes cuánto deseabas verme, el mensaje, la cita, era cuando se hacía insoportable mi ausencia, no como ahora, cuando, pese a tu obstinación, orgullo y capacidad de sufrimiento, no podías evitarlo, cuando te cansabas de buscar en google mi nombre seguido de “te extraño”, como un gran día vi, hay que borrar siempre los ficheros temporales, nunca nada te dije, descubrí delante de ti (¿el mismo día que te dejó/dejaste tu entonces último castigado, el mismo día que tu amiga te reprochaba telefónicamente estar conmigo?).
Lo bueno, y también era lo necesario, es que entonces, aunque siempre disfrazada de grandeza, altivez, incluso aparente desidia, indiferencia, asomabas como realmente eres, no querías desaprovechar el tiempo hasta la nueva cita. Y te relajabas, y confiabas, eso sí, sin bajar nunca la guardia, y reprochándote al llegar a casa esa soltura, esa complicidad, esa mirada limpia, desconocidas en ti. Ahí fui muy, muy afortunado. Mi intuición me permitió ver en ti, desde el principio, los que otros, los que se quedaban en la pantalla, el polvazo, el culto al cuerpo, la nunca indiferente vestimenta y pose, la aparente seguridad, todos, no veían. Yo te veía como realmente eres, como ya te dije, mi niña, no mi Pigmalion, no confundas, grande, muy, muy grande, noble, sincera, infantil, necesitada de amar y ser amada, de dar y recibir amor sin límites ni condiciones. Como eras antes, un año, dos antes, y no tu imagen, tu absurda mascarada, tu correr por delante de todos escapando de nada, tu coraza transparente. Fui muy, muy afortunado, te doy las gracias, no es ironía, puedes llorar si quieres, nunca hace mal. Y eso que la situación, cada cita, cada encuentro, cero reproches, suponía una fisura en tu máscara, despegarse el envoltorio, destruir tus nuevas seguridades, tu nueva vida, algo doloroso, y, sobre todo, racionalmente no deseado. Más piezas del puzzle. Y, aún así, volvías, provocabas los encuentros. Yo intentaba apurarlos, me consumían las despedidas, porque, sin saberlo, sin darme cuenta, sabía de esa contradicción interior que te provocaba, esa dura batalla diaria que te acabó arrancando lágrimas en silencio y soledad. También, sin saberlo, sabía, creía que el tiempo correría de mi parte. No, no por hacerte cambiar, yo nunca, nunca, quise que cambiases, nunca nada te dije, me callaba siempre, en nada. Ni de lo que hacías ni de tu forma de vestir, más por llamar la atención que por sentirte bien, ni de nada. Deseaba, como hoy deseo, que fueras como realmente eres, como era el aura de tu foto de amarillo en hi5 -¿aún está?-, relajada y feliz, tú misma, relajada y feliz, aunque sabía, intuía, que eso sólo lo hará el tiempo. Por eso cada día era un día más en el que no todo el mundo era malo y culpable de todo, era un día en el que confiabas, en el que podías cerrar los ojos, en el que nada temías, era un paso más, eras mejor.
Por eso te fuiste. Para no verlo. Es más cómodo la excusa, cualquiera vale, el culpable permanente, la transgresión como respuesta. Bien hecho. Si ya tenías tu propio jocker interiorizado, ¿para qué cambiar? Como diría tu amiga, el cambio, ¿qué te aporta?. No será por no conocer las alternativas, mira que costó que descubrieras que todo era posible. Recuerdo que dudabas de mí, me tenías como tienes a todos los hombres, como quienes sólo quieren aprovecharse de ti. ¿Te acuerdas de aquel incidente en el miudiño? ”Yo sólo busco acostarme contigo”, como broma, ironía, después de toda una tarde y todo un mundo demostrándote lo contrario, lo que hoy te digo, los dos besos en las mejillas como único acercamiento, y quisiste creer que era cierto. Pocos disgustos así recibí, no es un reproche, sino otra pieza del puzzle, parecía todo absurdo, como hasta hoy, como si nada hubiera valido para nada, como si no quisieras salir, ni siquiera conmigo, de ese cliché de “mujer castigada se convierte en mujer castigadora, para que nunca más un hombre le haga daño”.¡Qué rollo! ¡¿Lo siento?! Acabo. Cuando sea, cuando toque, se caerá ese miedo, ese disfraz permanente, esa necesidad de causar buena impresión a todo el mundo, de seducir para no sentirse mujer rechazada, de llamar la atención por sentir que pasar desapercibida es sentirse humillada. Esa necesidad de no desvelarse, descubrirse, ni mirar a la cara, ni a los transeúntes, te sorprendía tanto en mí, no lo concebías. Mi grano de arena fue ver, por vez primera, que la felicidad es posible, que el túnel tiene salida. Llegará. Tardará, sin duda, posiblemente mucho. Con o sin pareja, qué más da. Pero serás feliz, en el grado que te lo propongas, ya te lo dirá mi amigo el perseguidor, relajadamente feliz, riéndote de la vida, sin actuar, sin sentir que la vida se ríe de ti, con una tranquilidad no exenta de locura ni infantilismo, pero ya no forzado, sino confiada y feliz. Llegará, al final de túnel, la luz.
El túnel
No nos pasa en las carreteras conocidas, donde viajamos sin preocuparnos.Sí en los viajes más largos, o por territorios desconocidos.
Al entrar en el túnel, no sólo se pierde la emisora de radio, el GPS, también nos entra cierta inquietud, ¿cuándo acabará?
Y, al final, cuando la luz asoma, la tranquilidad.
Hizo falta el viaje para valorar la luz, ahora el destino está más cerca.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Amor propio versus orgullo
Imprescindible en la vida, y más en el amor, en el equilibrio siempre dinámico de la pareja.
Sin amor propio, la personalidad se anula, y el otro, en aplicación de la teoría isostásica y de los vasos comunicantes, ejerce una influencia excesiva, y, por tanto, voluntariamente o no, dañina.
Muy al contrario, el amor propio va unido inseparablemente a la autoestima, un valor que, precisamente, la pareja siempre enriquece.

El orgullo, tan parecido y opuesto, es un freno, un pecado capital, pero, sobre todo, un lastre, potencial o no, de la felicidad, la armonía, la entrega y la pasión.
Y cuando anula el deseo, la confianza, o la dicha compartida, está anulando la autoestima y el amor propio del otro, está minando, dinamitando, asesinando el amor.
Sin amor propio, la personalidad se anula, y el otro, en aplicación de la teoría isostásica y de los vasos comunicantes, ejerce una influencia excesiva, y, por tanto, voluntariamente o no, dañina.
Muy al contrario, el amor propio va unido inseparablemente a la autoestima, un valor que, precisamente, la pareja siempre enriquece.

El orgullo, tan parecido y opuesto, es un freno, un pecado capital, pero, sobre todo, un lastre, potencial o no, de la felicidad, la armonía, la entrega y la pasión.
Y cuando anula el deseo, la confianza, o la dicha compartida, está anulando la autoestima y el amor propio del otro, está minando, dinamitando, asesinando el amor.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Menos mal
Menos mal que no dormimos juntos, menos mal que no compartimos sueños.
Menos mal que no nos amamos en demasía, ambos amábamos la otra libertad.
Menos mal que no anduvimos mucho tiempo entre nubes, calles y avenidas, menos mal para los amigos, amantes y conocidos.
Menos mal ese niño que no tuvimos.
Menos mal, una alegría, supongo, buscada y conseguida, somos afortunados, menos mal, debemos estar contentos.
Menos mal que no nos amamos en demasía, ambos amábamos la otra libertad.
Menos mal que no anduvimos mucho tiempo entre nubes, calles y avenidas, menos mal para los amigos, amantes y conocidos.Menos mal ese niño que no tuvimos.
Menos mal, una alegría, supongo, buscada y conseguida, somos afortunados, menos mal, debemos estar contentos.
Etiquetas:
amor/desamor,
humor,
personajes,
realidad
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Nadie más?
Nadie más me volverá a hacer daño.
Cueste lo que cueste.
Caiga quien caiga.
Nadie más me va a volver a hacer daño.
Salvo yo mism@.
Cueste lo que cueste.
Caiga quien caiga.
Nadie más me va a volver a hacer daño.
Salvo yo mism@.
martes, 8 de diciembre de 2009
Coroza / coraza
Para protegerse del nuevo frío, se cubrió con el más impermeable traje, una coroza que hizo con sus propias manos. No se la volvió a quitar, no le importó ni su peso ni su incomodidad, había decidido no volver a exponerse. Y se adaptó tanto, que la convirtió en su nueva piel, la única que sentía y mostraba. Tanto, que cuando quiso probar a quitarla, siquiera una parte, se dio cuenta que no podía, resultaba peor que una depilación, un tuneo, era como arrancar la propia piel, asomar las entrañas. Y, como no pudo, tantas como veces lo intentó, incluso con ayuda, y como tampoco se sentía nada mal con ella protegida, con ella se quedó definitivamente.
Afortunados
Sin tu llaga, sin tu dolor y su parejo orgullo herido, siempre frescos, no me hubieras abandonado, qué más da la forma.Sin tu llaga, tu dolor perenne, tampoco te habrías acercado, tenido esa necesidad de ser deseada, pero también de conocer tus nuevos límites.
Al menos fue conmigo, en eso, los dos, somos, fuimos, afortunados.
lunes, 7 de diciembre de 2009
domingo, 6 de diciembre de 2009
Gafas
Y, al final, se puso gafas.Le costó reconocer que no distinguía bien la realidad, que la veía distorsionada, irreal.
Hasta que le resultó imposible seguir así, lograr no ya reconocerlo, sino que los demás, todos los demás, no sólo unos pocos, lo descubriesen.
Por eso las pone poco, lo menos posible, cuando nadie le ve, cuando es inevitable.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Cafés en Ourense
Os encontraréis con facilidad –algunas ya han pasado por aquí- guías de restaurantes, de hoteles, de compras e incluso de copas por Ourense. Pero ¿y los cafés? ¿Dónde encontrar una guía de cafeterías de ourense? Parece una tontería, ¿no?, así de pronto. Pero no lo es tanto, fijaros. Porque resulta no sólo que hay muchas, sino que, además, pasamos mucho más tiempo en ellas que en restaurantes o comercios. Especialmente en Ourense, donde el tiempo es más lento, todavía se disfruta de la conversación, y el café -¿será el agua?-, exquisito. ¿O acaso no lo notáis, incluso los no cafeteros, cuando salís, incluso a Vigo, sin ir más lejos?
Son cientas las cafeterías de Ourense, sería casi imposible citarlas todas. Muchas de ellas son parte de la ciudad, muestran una pátina de historia local, que se perderá con su cierre, como ya pasó con el Bohemio o el Victoria, y que exhiben con indisimulado orgullo. Desde aquel invento del Latino, con el visionario y emprendedor Eduardo y su socio alemán, en el local del Bazar Puga-Radio Ourense, hasta el Secret, el más moderno, el abanico de elección es enorme.
Por eso, y como para gustos colores, dejo aquí aquéllos que a mí me apetece, aquéllos que han dejado en mí una huella imborrable, son parte de mi vida. Y no preguntéis por qué, especialmente si ya sabéis la respuesta.
Salen 33, a ver si coincidimos en gustos….
Miudiño / Trampitán / Grandola / Gabbana / Arume / Antiqua / Perla(s) / Torgal / Xacobeo / Aljama / Four Roses / Stop / Irish Clan / Titanic / Jam Session / Turco / Breixo / Chaplin / Moncloa / Latino / Babilú / Secret / Trampa de Venus / Baviera / La Calle / Efémera / Real / Milucho / Alameda / Colmena / Bekas / Forum / Galaxia21 /
Son cientas las cafeterías de Ourense, sería casi imposible citarlas todas. Muchas de ellas son parte de la ciudad, muestran una pátina de historia local, que se perderá con su cierre, como ya pasó con el Bohemio o el Victoria, y que exhiben con indisimulado orgullo. Desde aquel invento del Latino, con el visionario y emprendedor Eduardo y su socio alemán, en el local del Bazar Puga-Radio Ourense, hasta el Secret, el más moderno, el abanico de elección es enorme.
Por eso, y como para gustos colores, dejo aquí aquéllos que a mí me apetece, aquéllos que han dejado en mí una huella imborrable, son parte de mi vida. Y no preguntéis por qué, especialmente si ya sabéis la respuesta.
Salen 33, a ver si coincidimos en gustos….
Miudiño / Trampitán / Grandola / Gabbana / Arume / Antiqua / Perla(s) / Torgal / Xacobeo / Aljama / Four Roses / Stop / Irish Clan / Titanic / Jam Session / Turco / Breixo / Chaplin / Moncloa / Latino / Babilú / Secret / Trampa de Venus / Baviera / La Calle / Efémera / Real / Milucho / Alameda / Colmena / Bekas / Forum / Galaxia21 /
viernes, 4 de diciembre de 2009
Dreaming
Se tumbó, sin cambiarse, sobre la cama, la cara sobre las manos, las palmas juntas, como un niño. Y durmió plácidamente, como un niño. Hasta que sonó el timbre, que le despertó. Se levantó y atravesó el pasillo de esa casa, desordenada y vieja, donde ahora vivía. Abrió la puerta, allí estaba. Con la mirada serena y una bolsa, un macuto, en la mano. No supo qué decir. He venido, he venido para quedarme, si me aceptas. Parecía un sueño. Es un sueño, se dijo, y, sin cerrar la puerta, atravesó el pasillo, volvió a la cama, se tumbó y siguió durmiendo.
jueves, 3 de diciembre de 2009
La caja del misterio
Revancha, y desempate

Me mataron, por confiar plenamente.
Me costó, pero, cuan ave fénix, tras un tiempo de vida y muerte, de lucha y destrucción, lo superé.
Y decidí nunca más morir, y atraer y rechazar como modus vivendi, como revancha, como necesaria autoafirmación.
Finalmente, yo misma maté, de igual modo, a quien en mí hice primero confiar plenamente.
La revancha y el desempate, saldado el pasado, fueron el principio de mi nueva vida.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Soledad escogida
Estaba muy solo. Me compraba flores a mí mismo, me pasaba las tardes paseando mi perra. Pero estaba muy solo. Por lealtad, compromiso, no sé realmente por qué, no me salia buscar nada, dejaba pasar el tiempo, viviendo en soledad, durmiendo solo.
Un día la vi. Me turbó. Tenía que haber una segunda vez, la confirmación. Así fue, como veinte años atrás. Después, un mundo después, la primera cita. Y, en cada encuentro, sin verlo, como mi soledad, un descubrimiento. Como una madre, nunca dijo nada, sólo estaba ahí. Nunca me doy cuenta a tiempo. A lo mejor, por eso se fue, para que la extrañara, para que fuera a por ella. Sin decir nada, así era. Como una matrona, un ángel, un silente amante. No se merecía arrastrar mi soledad. Estaba profundamente enamorado de ella, pero no era suficiente, o precisamente por eso fue. No quise ser un lastre en sus alas, la quería feliz, volando muy alto.
Por eso no la llamé, no volé tras ella cuando despegó el vuelo. Incluso le soplé, para ayudar a sus alas, para que viera que no estaban rotas. Y que siempre la apoyaría en su libertad, hasta en su adiós.
Yo sigo igual. Solo. Rodeado, pero solo. Con mi felicidad buscada. Feliz con su recuerdo y con mi respuesta. Y triste, ahora sí, hundidamente triste, sin saber por qué. O, como siempre, sin darme cuenta a tiempo, sin quererlo ver.
Un día la vi. Me turbó. Tenía que haber una segunda vez, la confirmación. Así fue, como veinte años atrás. Después, un mundo después, la primera cita. Y, en cada encuentro, sin verlo, como mi soledad, un descubrimiento. Como una madre, nunca dijo nada, sólo estaba ahí. Nunca me doy cuenta a tiempo. A lo mejor, por eso se fue, para que la extrañara, para que fuera a por ella. Sin decir nada, así era. Como una matrona, un ángel, un silente amante. No se merecía arrastrar mi soledad. Estaba profundamente enamorado de ella, pero no era suficiente, o precisamente por eso fue. No quise ser un lastre en sus alas, la quería feliz, volando muy alto.
Por eso no la llamé, no volé tras ella cuando despegó el vuelo. Incluso le soplé, para ayudar a sus alas, para que viera que no estaban rotas. Y que siempre la apoyaría en su libertad, hasta en su adiós.Yo sigo igual. Solo. Rodeado, pero solo. Con mi felicidad buscada. Feliz con su recuerdo y con mi respuesta. Y triste, ahora sí, hundidamente triste, sin saber por qué. O, como siempre, sin darme cuenta a tiempo, sin quererlo ver.
martes, 1 de diciembre de 2009
looking for paradise
Cuando nadie me ve, también me alegran canciones y vídeos superventas, como éste de alejandro sanz y alicia keys
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



