Un día la vi. Me turbó. Tenía que haber una segunda vez, la confirmación. Así fue, como veinte años atrás. Después, un mundo después, la primera cita. Y, en cada encuentro, sin verlo, como mi soledad, un descubrimiento. Como una madre, nunca dijo nada, sólo estaba ahí. Nunca me doy cuenta a tiempo. A lo mejor, por eso se fue, para que la extrañara, para que fuera a por ella. Sin decir nada, así era. Como una matrona, un ángel, un silente amante. No se merecía arrastrar mi soledad. Estaba profundamente enamorado de ella, pero no era suficiente, o precisamente por eso fue. No quise ser un lastre en sus alas, la quería feliz, volando muy alto.
Por eso no la llamé, no volé tras ella cuando despegó el vuelo. Incluso le soplé, para ayudar a sus alas, para que viera que no estaban rotas. Y que siempre la apoyaría en su libertad, hasta en su adiós.Yo sigo igual. Solo. Rodeado, pero solo. Con mi felicidad buscada. Feliz con su recuerdo y con mi respuesta. Y triste, ahora sí, hundidamente triste, sin saber por qué. O, como siempre, sin darme cuenta a tiempo, sin quererlo ver.
4 comentarios:
¿Cómo sanar de esa soledad? Aunque haya sido escogida lleva una profunda carga de tristeza.
Hermoso texto. Un amor generoso, AMOR con mayúsculas.
Saludos.
Teresa
Te felicito. Resulta conmovedor y envidiable ese sentimiento que tan bien relatas,tan profundo e idealista como doloroso...Sin duda eres un sentiment@l, renuncias a la persona amada solo porque crees que sería más feliz, y eso es francamente loable.
Unha aperta.
Gracias, Teresa, por tu comentario.
Quizás te pareció hermoso porque salió de las entrañas, de esas zonas del alma a las que pocas veces accedemos.
¿Amor generoso? El Amor sólo puede ser así!
s.r. (uf)
Decir duele es nada. Sé que es más feliz sin mí que conmigo, porque así lo decidió, con absoluta libertad.
Y aún así decir duele es nada, pero es mejor.
Gracias, en ocasiones resulta imprescindible cualquier apoyo, incluso virtual, para los ¿sentimentales?...yo los llamaría simplemente honestos.
Unha aperta, s.r.
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