
Me mataron, por confiar plenamente.
Me costó, pero, cuan ave fénix, tras un tiempo de vida y muerte, de lucha y destrucción, lo superé.
Y decidí nunca más morir, y atraer y rechazar como modus vivendi, como revancha, como necesaria autoafirmación.
Finalmente, yo misma maté, de igual modo, a quien en mí hice primero confiar plenamente.
La revancha y el desempate, saldado el pasado, fueron el principio de mi nueva vida.
6 comentarios:
Desquite, venganza, represalia.
Triste y antes o después doloroso, además de injusto.
El tú y el vosotros no son culpables del daño de ell@s y del sufrimiento del yo.
:o)
Hace falta morir para resucitar. Solve et cuagula. Un gran beso.
...
Me pierdo, Isabel, pero gracias por opinar. Hasta lo que alcanzo, no olvides que yo soy el hombre, comparto la injusticia del daño inmerecido, y menos con la víctima más fácil, pero, cuando se es honesto, uno sabe desde el principio donde se mete, involucra, aunque nunca llegue a sospechar la dimensión de las consecuencias.
Y esa no es, parece increíble, la pena mayor, sino la sospecha de que la revancha siquiera ayuda al futuro ni a despojar la pena de quien la genera.
Pena que increcienta la primera.
Ignacio, completamente de acuerdo.
Lo vemos en l@s que no han tenido que luchar por nada en la vida, nada valoran y la culpa de sus visicitudes está siempre en los demás.
Pero hay que llevarlo!
Agradecido, por comentario ánimos y beso.
capsy, completamente de acuerdo que muchas veces el mejor comentario es el silencio, y la interpretación que del mismo haga la otra persona.
Ahora bien, los tres puntos suspensivos me evocan tristeza y dolor, es un tema muy personal, muy difícil de entender.
Que seas feliz.
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