lunes, 29 de septiembre de 2008

Después de un tiempo… poesía.

Después de un tiempo, y de oir la música y la letra de Melendi, y también de Pau Donés, “El lado oscuro”, una poesía, como al principio, quizás fin de ciclo.

Es un clásico, tan sensato como apropiado, del maestro Borges, paradigma de los Virgo.

Deseo que os guste, aunque yo, sinceramente, prefiero la divergencia y transgresión de Cortázar, de quien recojo esta cita -por cierto recién llegada a un blog muy próximo-, y un mini poema, que bien pudiera firmar.

"Se dio cuenta, como
el rey Midas, que enamoraba
a quien abrazaba.

Y huyó, con su soledad
como compañía, a los
territorios de la fría soledad,
donde ahora habita."

“Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”. Julio Cortázar.


Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende
que el amor no significa acostarse
y una compañia no significa seguridad
y uno empieza a aprender...
Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
Y con cada día uno aprende.

Jose Luis Borges.

domingo, 28 de septiembre de 2008

29 de septiembre, San Miguel

Roma, año 1.
Muere San Mateo, sube al cielo, llama a la puerta -como sabéis, de aquéllas no había timbre-, se oye a San Pedro, gritando mientras se acerca con las llaves, "¿quién es?".
"Soy San Mateo". Se abren los cerrojos, se abre la puerta, "Pasa Mateo, bienvenido".

En la misma semana muere San Marcos, ya sabéis, estos romanos estaban locos. Sube al cielo, llama a la puerta -seguían sin timbre-, se oye a San Pedro, gritando mientras se acerca con las llaves, "¿quién es?".
"Soy San Marcos". Se abren los cerrojos, se abre la puerta, "Pasa Marcos, bienvenido".

Unos días después, le toca a San Lucas, menuda carnicería estos romanos. Sube al cielo, llama a la puerta -con los nudillos, sí-, se oye a San Pedro, ya sin gritar, con un tono cansino, de operadora de Call Center, mientras se acerca con las llaves, "¿quién es?".
"Soy San Lucas". Se abren los cerrojos, se abre la puerta, "Pasa Lucas, menudas horas, pero bienvenido".

A los dos días, se repite la llamada a la puerta del cielo, con los nudillos, claro. "¿Quién es?", grita San Pedro.
"Soy San Miguel".
"Pues deja dos cajas"

Lo dicho: San Miguel, donde va, triunfa.