Eres un hombre afortunado, me dijo dos veces en la tarde. Me di cuenta después, horas o días más tarde, no cambiaré nunca. Más que por la frase, por el recuerdo de su manera de decirlo, con la mirada perdida y desde dentro.Si me diera cuenta en el momento, le respondería la verdad: Que seré un hombre afortunado el día que ella sepa que sólo podré ser un hombre afortunado cuando esté a mi lado.
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