sábado, 7 de febrero de 2009

Ourensanos egregios (1): Araújo

Somos lo que somos.

Y también somos lo que vivimos, y cómo lo vivimos, y dónde lo vivimos, y con quién lo vivimos.

No sé cuáles son los porcentajes de esos ingredientes en nuestro puré humano, imagino que diferentes para cada uno, y también para cada momento o situación vital.

Pero que en nuestra historia deja huella nuestra ciudad, y sus habitantes, es casi un axioma matemático. Con propiedad conmutativa, porque también cada uno de nosotr@s hace historia de donde habita. Unos más que otros, también es verdad.

Nuestro Ourense no es sólo lo que nos dicen esos sesudos ratones de biblioteca –Bande, Carnicero- en sus estudios que nadie lee. Es más una memoria que flota entre la niebla, que este año vuelve, y que parece detenerse en las fotos sepias de Ourense no tempo, eso sí que es historia, de la de verdad.

Y es Ourense también la historia de sus pobladores. Para unos, sólo los prebostes, los ilustres, los prohombres que han llenado líneas en polvorientos legajos que ellos mismos ahora custodian. Para otros, todo lo contrario, son las personas anónimas, su comportamiento, las que marcan el camino.

Y, por supuesto, los locos egregios, siempre presentes, en cualquier calle, en cualquier momento, a su manera, recordándonos dónde estamos y lo que somos. Aunque finjamos son invisibles al pasar a su lado, es imposible recordar la ciudad sin acordarse de ellos.

Algunos nos han dejado, y al irse –siempre pasa-, con su ausencia, nos hemos dado cuenta de lo que perdimos. ¿Quién olvida, por ejemplo, a doña Concha, del Ourense, y su puro?.

Otros, siguen su destino a nuestro lado.

Quisiera traerlos aquí a todos, para que no se vayan del todo nunca, son patrimonio de la ciudad, aunque nunca lleguen a ser nombrados hijos predilectos.

Hoy debuta el primero. En mala foto, de móvil, lo siento, otra vez será mejor. Manejaba esta tarde marionetas frente al Sanmiguel -¿otra parte ya de la historia que se nos va?-, y me dedicó, nos dedica a todos siempre su sonrisa… y lo que lleve en ese momento, claro.

Es Araújo, el multifacético Araújo. Batería, profesor de música, vendedor de CDs, libros o lo que caiga en sus manos, con sombrero cowboy, o no, pero siempre sonriendo.

Araújo, Araújo, no me faltes nunca.

1 comentario:

ourensan@ dijo...

Enigmática última frase, como siempre, por dobles motivos.

El blog iba de Ourense, ¿no? Era un tema no tratado, que me apasionaba. La locura, mejor dicho, el comportamiento inadaptado como respuesta a una sociedad que no gusta. ¿Sólo en los locos egregios? Precisamente por eso caía una vez al mes un tolo reconocido. Los otros, pasan desapercibidos.