Dos temáticas muy distintas y no casualmente antagónicas se exponían en A Casa das Artes, procedentes del IVAM: “El Circo”, abajo, “Abu-Ghraib”, arriba, en deliberada semioscuridad.

En “El Circo”, con su estilo habitual –óleos de gran formato, realismo con desproporción en las formas y colorido casi naif, pero en pinceladas grandes-, muestra su visión sobre el mundo del circo, otra realidad paralela a la nuestra, llena de miserias que lo son menos por su condición de familia y su labor de alegrarnos a los demás normales.
Sobre fondos negros, con tonos más ocres e iluminación tenue en las espaciadas obras, muestra su indignación por los crímenes a la humanidad de esa vergüenza que aún es “Abu-Ghraib”. Percibo cierta alusión a la martirología cristiana, cuestionada, porque el dolor nunca dignifica, sólo denigra al torturador, al que lo promueve, pero también al torturado. Irrita, más que conmueve, es más pastiche que arte que nos haga sentir. De hecho, sólo se me escapó, a solas, una furtiva lágrima, pero no por las escenas vistas, sino porque el daño y la tortura psíquica son, sin duda, mucho más dolorosos que el físico que estaba contemplando. Especialmente, cuando su origen es conocido, pero su resolución, imposible.
Epatante no obstante, exposición, de uno de los artistas más cotizados en el mercado, quizás con recursos y temáticas ya agotados, sin duda mejor escultor que pintor. (De hecho, es mucho más creativa la titulada “Parellas”, que vi después, con Leiro como estrella, desde el 26 en Ourense). Pero ideal para alcanzar gran cifra de visitantes, y para que la Entidad Financiera que patrocina la exposición tenga amplia difusión en los medios, algo que no se consigue con dinámicas imaginativas, no sólo formación, a niños y no tan niños, para comprender y disfrutar del arte, medio de dignificación de la persona, y no hacerla un mero consumidor de este tipo de muestras.
Aquí queda, tomado de “imagen fija”, un descubrimiento de página recomendable, lo expuesto allí:
1 comentario:
Lloraba por la calle, donde caminaba como un autómata, lloraba en las oscuras salas, todo parecía un resfriado.
No sé de dónde saqué las fuerzas para ir, tampoco la exposición merecía la pena. Menos mal, al menos.
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