jueves, 5 de febrero de 2009

Conversaciones en el Miudiño

Reincorporado por fin al consumo de café –de momento, cortado descafeinado de máquina, gracias-, disfrutaba de uno de esos pequeños grandes placeres de la vida con la lectura de la prensa, tranquilamente y en soledad.
Era el café Miudiño, naturalmente en la mesa al lado de la ventana.

No pude dejar de oír la conversación de la mesa de al lado, un poco más baja, no tenía nadie que me reprochase mi curiosidad tampoco.


(Café Miudiño Ourense)

“Mis amigos me llaman, me sacan de casa, como un minusválido en silla de ruedas, me intentan alegrar hasta emborracharme.

Otros ya me dicen, a ver si recuperas la salud del todo, desde tu gastroenteritis no eres el mismo, hasta te ha cambiado el humor.

¿Y tu familia?

Evito ir a casa de mi madre, no me diría nada, pero viéndome así se entristecería mucho.

Y todo, porque ella no te quiere…

Porque no me quiere, o no quiere quererme, ésa es mi duda, la que me impide vivir, la que me consume cada día.

¿Por qué no hablas con ella?


Ella es lo importante, y si ella lo dispuso así, si ésa es su decisión, es lo correcto.

Quizás se haya enamorado de otro…

¡Ojalá! Así se acabaría esta tortura, esta muerte en vida, sabiendo que es feliz.”

No pude seguir, ya no estaba leyendo ni me apetecía. Me levanté discretamente y salí, sin dirigir la mirada a la mesa, no quise ver personas, expresiones.
No olvidaré fácilmente el tiempo pasado en esa mesa.

1 comentario:

ourensan@ dijo...

Había pasado la gastroenteritis más dura de mi vida, y no tenía mucho espíritu, la verdad. Todo era cierto.
¿La foto? Una amiga que me veía no mal, sino como una oportunidad, me ayudó a sacarla. Es curioso. No era una estrategia, era un estado, malestado.