Posiblemente Meg Whitman -Directora ejecutiva de ebay, ahora candidata republicana a suceder a Arnold Schwarzenegger- nunca lea esto.Ni el propio estafador, Mai Phan (PHAN714@AOL.COM), ni, posiblemente, nadie que utilice el portal de compraventa por internet ebay y aterrice por aquí.
Pero no puedo pasar sin informar, quizás a nadie, de una estafa. La de Mai Phan, que ofertaba el perfume Jil Sander 4, retirado del mercado, en ese portal.
Tras dos meses de espera, de un ficticio envío First Class desde Miami, y gracias a la colaboración de una amiga -nunca podremos valorar el bien que nos hacen los amigos, o del de los abuelos a los padres y nietos-, la restitución económica, vía PayPal, parece que está en camino.Aunque el dinero es lo menos importante.
La desilusión en la naturaleza humana, por una estafa calculada, es lo más doloroso.
Pero, sobre todo, la desilusión de no haber podido conseguir lo que sería un imposible, un regalo descatalogado, que la sorprendería y la haría feliz, y, quizás, quizás, hacerle descubrir mi desinteresado interés por ella.
Y también una lección, o dos, de cada muesca, cada herida: El tiempo pasa, las cosas cambian, tienen razón los psicólogos cuando dicen que la mente sana es la que se adapta al cambio.
Y que, si no existe ya el aroma que nos gustaba, otros habrá que ocupen su lugar -Organza, Carolina Herrera, o Mandarín, de Aqua di Palma, en fragancias sustitutivas-.
Y, como con las fragancias, con todo.
3 comentarios:
Hola!!
Antes de nada, gracias por haber recalado en mi blog.
Efectivamente, la pérdida de los sueños equivale a desilusión... y si no nos queden sueños por los que lugar, nos quedamos un tanto vacios.
Un saludito y bienvenido a mi área de descanso.
Bienvenida a tu casa, contigo es más grande y confortable.
Fue un reto, la búsqueda de ese perfume, mucho antes de su adiós, por si hubiera dudas...
Me traicionó la vendedora, pero los sueños rotos son una metáfora de mi tristeza y desilusión esos días -nunca reproche, conmigo siempre juerga y jarana, ya sé dónde me meto-, aunque realmente, de lo desolado que vivía, nada me importaba -actitud de pasar de todo, que decía ella, que de vez en cuando me veía, creo, y chateaba, eso sí, siempre, a diario conmigo, aún no tenía valor para romper ese cordón umbilical-.
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