domingo, 1 de febrero de 2009

La mentira más grande, la propia

Al principio, cuando la descubrí, me produjo un desasosiego que sólo las cosas más importantes nos producen. Buscaba acercamientos, preguntaba a mis amigos por ella.
Y en uno de nuestros primeros contactos me dijo
No habléis de mí, hablar conmigo”.
No lo olvidé, así siempre lo hice desde entonces (hasta hoy, por alusiones).

Con el roce, en todos los encuentros que ella quiso, el conocimiento mutuo se hizo completo. Y un nuevo rasgo de su personalidad me quedó grabado: “Las cosas hay que hablarlas, siempre hay que hablar las cosas”.

Hoy me llega, involuntario, el comentario a un post que ni he visto ni veré, no entraré más en ese juego perdedor. Requetepantástico. Intuyo en él que dice a terceros que le hice daño. Daño yo, supongo que será por haberle dado siempre la total libertad para hacer en cada momento lo que quiso, el decálogo sigue tan vivo como el primer día.

Si ayer yo era grande, y siempre iría en su existencia y pensamiento, hoy descubro por terceros que hago daño, y de modo deliberado.

¿Habrá sido todo una gran mentira? Porque las mentiras más grandes son las que nos hacemos a nosotros mismos.

Es lo más habitual, la psicología lo denomina “reestructuración congnoscitiva”, una reintepretación de una realidad pasada para hacernos llevadero el presente, y el futuro.

Si es para eso, acepto entrar en su saco de ex y despechados, porque si eso la ayuda, lo único importante es su felicidad.

Y lo valoro así, dejo el embuste para niñ@s, mala gente o la web, y, muy al contrario, si es por eso, si es por ella, me apunto, y le canto aquel tema de Albert Hammond…

...Aunque hubiese preferido un final distinto, un dolor hablado, como en Once, qué iluso. (Preferencia, nunca reproche, que nunca hubo, nunca habrá)



www.quedeletras.com

1 comentario:

ourensan@ dijo...

Me llegó, automático, un email con un post o un comentario en el blog hermano, que traduje como ella solía hacer: la culpa nunca es suya, siempre de los demás ("¿experiencia es lo que obtienes cuando no obtienes lo que quieres?", quizás).

Ella había sido dueña de su destino, de nuestro destino, ella SIEMPRE hizo lo que quiso, esa libertad la consumía. Nunca nada me pudo,puede, reprochar. Y, a pesar de eso, intuía lo estaba haciendo -no volví a entrar, jamás, en aquél blog-.

¿Poco ha cambiado la situación? Hasta semanas después de despedirme, por teléfono, mantuvo público un comentario -no lo vi hasta el día que ordené quitarlo- que decía algo así..."tu amor me hace grande, tu odio imparable". nada había valido para nada. Una real pena.