Construir móviles parece una tarea divertida y sencilla. Porque son juegos de equilibrios, estructurales, interdependientes. Pero, si una sola de sus partes varía –por factores externos o movimientos naturales, por ejemplo-, el equilibrio se rompe, todo ha sido inútil.Intentar solucionarlo, reconstruirlo con pequeños ajustes, es un parche, abocado a un nuevo fracaso.
Es preciso buscar el nuevo equilibrio, descubriendo y valorando las nuevas fuerzas y situación, y así poder obrar en consecuencia.Parece un ejercicio fácil, al alcance de cualquiera, incluso de los más niños y jóvenes.
Pero realmente sólo la madurez y la experiencia anterior en la pérdida de equilibrios posibilita al artista, auténtico relojero, la reconstrucción de un nuevo móvil, aparentemente similar, pero radicalmente diferente y estable.
Esta sencillez y oscura rareza constituye la grandeza de estos artesanos y sus obras, una mezcla de escultura y vacío, armonía dinámica, e interdependencia de los fenómenos naturales, en un conjunto aparentemente desenfadado y casi infantil.Lo más curioso, que no han pasado por escuelas que esto enseñen, sólo lo han podido aprender de la escuela de la vida.
(Otra vez el tiempo y la receptividad humanas dando frutos, aprovechando este camino que es la vida, un impasse desde la nada hasta la nada.)
1 comentario:
¿Cómo volver a vivir? La madurez ayuda, supongo, pero era un deseo más que una certeza.
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