viernes, 20 de marzo de 2009

(Bar) Ourense en Compostela: LeFlo, la sublimación de los sentidos

Una de las pandemias de la blogosfera y la web es el copiar y pegar, el nulo respecto a la creación, la impunidad ante el fusilamiento vil de contenidos.

Este parasitismo es especialmente más grave cuando se comete contra auténticas obras de arte, muy trabajadas para conseguir resultados que las hacen únicas.

No me refiero, Dios me librase si existiese, o su representante Benedicto me excomulgase, a las entradas de este blog, sino todo lo contrario. Por una vez, y adelanto que me avergüenzo, pero no retracto, haré de icono de esta escoria que plagia por carecer de ideas y por publicar algo que nadie le exige.

Lo haré, y no es justificación, lo sé, una vez más con uno de los, aunque no reconocido, grandes fotógrafos gallegos: Pablo Abreu, LeFlo como nombre de guerra.

Ya estuvo aquí, presentábamos su blog, es el único repetidor, no soy ni idólatra -eso, para la curia-, ni mitómano.

Ahora, sólo con una nueva foto, que, para mayor INRI, ni siquiera es de Ourense… bueno, sólo un poco.

Y, por si fuese poca desvergüenza, además de la foto, me permito copiar el comentario al post de su otro blog donde la publicó. Visitarlo, por favor, será mi única defensa.

Y, de paso, si lo consideráis justo, como yo, dedicar un minuto para darle vuestro voto para The 2009 Photoblog Awards.


ourensan@ dijo: On 18 de marzo de 2009 20:50 horas

Sobrecoge! Más la miras, más sobrecoge. Santiago, Ourense, el tiempo y su recuerdo, el presente como testigo, inmutable, parado, quieto, bofetada de nuestro recuento vital. Es poesía brutal, sincera, sin filtros ni retoques, es vida detenida en estado puro

1 comentario:

ourensan@ dijo...

LeFlo fue un descubrimiento.

Esa foto, un reflejo de una emoción. En Santiago, en viejo bar, qué más da el nombre, de repente, volcado un tiempo, unos momentos irrepetibles vividos allí. Ese despertar de la memoria, recuperar de repente gratas y no tan gratas experiencias, fue el motor que hizo nacer esa entrada. Fue descubrir que nada se olvida del todo, y que lo importante queda grabado en nuestro ADN.

Otra vez ella, otra vez sin saberlo.