martes, 3 de marzo de 2009

Oasis en la travesía por el desierto

Después del largo tiempo de travesía por el desierto, desde lo alto de la duna, llegó la sorpresa: un enorme vergel, de verde y palmeras, y agua por doquier.

Era un oasis, una solución para hidratar su alma, abrasada por el sol y la soledad, sólo refrescada con sus lágrimas.

Pero su viaje no buscaba eso. Esa zona totalmente empapada no es mi destino, se dijo.

Y siguió avanzando, no se sació, apenas entró. No porque creyese que fuese un espejismo, nunca dudó de la realidad y sinceridad de los fluidos.

Además, se animó, suele pasar, después de un oasis puede llegar otro, y, gracias a ellos, será menos duro soportar el más difícil camino, para llegar al final, a la naturaleza en su esplendor, a la paz y felicidad de los elementos en armonía.

Llegaré, se repitió, detenerse aquí sería muy placentero, pero sólo sería demorar la llegada, o distraerse del verdadero fin, del objetivo vital.

3 comentarios:

Selina dijo...

O importante non é chegar, o realmente interesante é o camiño e si nel atopas oasis...

ourensan@ dijo...

moi atinado... hai quen remata o camiño e non chegou a ningures...

ourensan@ dijo...

"No busco tu fluído, tu deseo..."

Lo importante siempre fue tu mano.

Y lo demás también, pero por ese orden.

No, no todos somos iguales. Te buscaba a ti, y te encontré cuándo, cómo y dónde quisiste. ¿llegó?

Ya lo sabes.