Llegamos a León según lo previsto, a la hora de la tarde con el sol en su plenitud. Muy bueno el recibimiento, con aparcacoches en esa maravilla que es el Parador.
Cumpliendo lo previsto, la habitación, enorme, tenía cama grande con dosel. Nos pareció extraño, el tiempo nos pasó el tiempo volando, pero era noche cuando salimos, siempre de la mano, al barrio húmedo.
Allí bebimos y reímos, sin parar y sin soltarnos. No nos costó regresar, muy alegres, era cuesta abajo.
Pasamos la noche juntos, no diré nada más. Sólo que era de día cuando desperté, y que te miraba cuando despertaste. Me pareció verte sonreír antes de volverte a dormir, esta vez con mi abrazo y mi CO2.
Teníamos tiempo, podíamos salir tarde, para vez la zona nueva y merendar en el camino de vuelta, casi todo en silencio cómplice. De las despedidas no me acuerdo.
Y sonó el despertador, y, como siempre, mi mano se abalanzó sobre él para apagarlo. Esta vez, sin embargo, sí recordé casi todo mi sueño nocturno.
Me levanté, tocaba ducha y salir pronto, para aprovechar la mañana, y ver la zona nueva antes de partir, un viaje tan largo solo se hace siempre pesado.
1 comentario:
¿Realidad? ¿Sueño? ¿En qué creer?
¿A quién creer? ¿A cuál de las dos personalidades creer?
La banca siempre gana.
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