sábado, 24 de octubre de 2009

Bye, be happy

Por raro que os pueda parecer, no tengo internet en casa, ya hace meses de esta situación.

Como tantas cosas que hacemos sin saber bien el porqué, primero me di de baja en Timofónica -¡es que te obligan!-, pero, a medida que pasaban los días, las semanas, postergaba el alta, la simple decisión de contratar el servicio. Sí, claro, con Jazztel, sin compromisos (“no promesas, no mentiras, no reproches” era nuestro pacto, nada es casual).

Y pasaban los días, y seguía igual. A salto de mata, en wifis de cafés, bibliotecas, museos, telecentros, incluso el de algún vecino buenagente, como ahora, estropeando la vista en la pantalla de mi PDA. Y preguntándome, a la vez, ¿por qué no me doy de alta ya?

Hoy, viernes, día nublado donde los haya, entre las nubes que tantas horas veo mover, descubrí el rayo de luz con la respuesta. Doble y única a la vez. Por un lado, no quería encerrarme en casa, delante de una pantalla, ahogar mi dolor entre píxeles. Por otro, forzarme a salir, crear la necesidad con el post diario, escapar de este cubil.
Era eso, qué fantástico es el cerebro, o la intuición, o lo que sea, que intenta ayudar cuando ni fuerzas tenemos para pedir ayuda.

Aún así, y después de las primeras semanas, son muchas, muchas más que antes, las horas que paso ahora en casa. No es por nada, no os preocupéis, no es que no quiera estar con nadie, qué va. Quizás sean simplemente las horas que antes estábamos juntos, que exprimíamos el tiempo. Como si quisiera guardar luto por su ausencia, preservar su recuerdo. Horas que no me sale llenarlas con nadie, tampoco perderlas en la web.

Por eso me sorprende, las veces que pillo una conexión libre y cuelgo algo, la existencia de algún visitante simultáneo en el blog. ¿Quién será?¿Qué le habrá traído hasta aquí?¿Qué pensará de mí? No me preocupa, realmente, más bien me sorprende. Salvo que fuese ella uno de ellos, es probable que el azar le haya llevado este mensaje en una botella, en el océano de la blogosfera. No quisiera. Un día decidió marchar, embarcarse en una nueva aventura vital, en la que yo sólo era un lastre, una carga. Tanto tiempo pasado después le ha demostrado que tenía razón, que es más feliz sin mí que conmigo. Le quedaría sólo desprenderse de mi recuerdo, y leer esto sólo sería demorar esa última separación, la muerte final, que es el olvido.

No vuelvas, amor, si has entrado, no vuelvas donde antes has marchado, justifica la separación, corre sin lastres, alcanza tus sueños, sé feliz. Hazlo por mí, por este pureta, antes de que no puedas evitar dejar de ser niña, de empezar a morir sin ayuda.

Y no te preocupes por mí, no mires atrás, ya lo sabes, soy duro.
Preocúpate por ti, sólo por ti, por una vez en la vida, por ser feliz, por conseguir lo que no te pude dar.

2 comentarios:

Isabel dijo...

“Adiós , sé feliz” , no está mal… pero el “adiós” nunca será real del todo, se acostumbra uno a la ausencia, a no tener, a no dar, a no esperar… pero la esencia de haber amado siempre está en un rincón del alma. Lo que te puedo asegurar es que el recuerdo se dulcifica e incluso te hace sonreír. En la espera de que así sea no mates la inocencia, ni la ilusión ni los sueños. Mientras tanto, busca en tu entorno los tónicos que suavicen tu corazón.
:o)
Un abrazo.

ourensan@ dijo...

Estoy bien, no es nada, una nube que ya pasó, no te preocupes por mí.

Eso me dijo, eso te digo, por chat, qué fácil, antes de que la llamase, por tal motivo preocupado, para que ants de que se despidiera, por teléfono, un honor, de mí para siempre, con su "te llamaré esta semana..."

"No promesas, no mentiras, no reproches", decálogo siempre vivo.