Me llegó a las 6,15 de la mañana, cuando lo vio en el maletero, era agosto, ya os imagináis.
Así tenían que ser sus regalos, escasos, pequeños y clandestinos, como las expresiones de amor/afecto. De lo contrario, los rechazaba –alguno le tiré al suelo, al despedirme, siguiendo un consejo amigo-, o huía, pasaba semanas sin llamar.
Aún con ésas, siempre tenía la mente y la mirada, allá donde estuviera, buscando algo para ella, era yo quien necesitaba cubrirla de regalos, quizás, pienso ahora, era una manera de decirle “pienso en ti constantemente, prefiero estar contigo que pensando en ti”.
Pero ella es especial, de otra pasta. Lo hacía con todos a los que quería, aunque realmente a ella también le gusta/ba regalar, detalles tan personales como sencillos, que hoy, al recordar, al verlos, me empañan la mirada. Especialmente el último, un marcapáginas, que llegó cuando más lo necesitaba, cuando más la necesitaba, poco antes de marcharse.Pienso en todo ello, y me digo, “es grande, yo no estoy a su altura, merece algo mejor, y no sólo más joven, como le repetía”. Si es así, ojalá lo encuentre pronto, creedme que su soledad me destroza mucho más que la mía sin ella.
Que ya es decir.
2 comentarios:
Es cierto, cuando sentimos la lejanía de la persona a la que amamos, buscamos, rebuscamos algo que nos acerque además del pensamiento, el objeto, el símbolo o quizás simplemente el deseo de su cercanía.
Los “regalitos”… yo le llamo el “velcro” , la unión de las piezas, unos ganchos más o menos deformables que se agarran a una tira de fibras enmarañadas…
Ainssssssss
:o)
Un regalo, no hace falta que sea material, conduce a una sonrisa...
¿Hay algo mejor? Claro, el abrazo posterior a las !!!gracias!!!
Son las grandezas de la vida, las que la hacen comprensible.
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