Pero ellos tenían un magnetismo especial. Estaban en medio de la tetería, integrados en el ambiente, con el resto de clientes, pero entre ellos había un mundo, una unión especial, parecían parte de Grândola. No, no era una burbuja, no sé si me entiendes, más bien una especie de aureola, un aura especial. Y tenían sus detalles. Él, por ejemplo, siempre le daba fuego. Ella, una vez lo vi mientras les servía, un día le enseñaba en su móvil aquella canción de “Todas las arrugas de mi cara”, como dedicándose con la mirada, ¿la conoces?¡Es preciosa! Incluso alguna vez, cuando salían, con el día ya anochecido, me acercaba a la puerta a verlos marchar. Siempre subían hacia Hernán Cortés, con ese andar acompasado, daba gusto verlos, de veras, casi casi es envidia.Un día, no lo olvido, llegó él solo, antes de lo habitual. Se sentó en la mesa al lado de la ventana, y me pidió un té con canela, señalándomelo en la carta. Tenía una mirada horrorosamente triste, que me dejó tan sobrecogida en el momento, que me costó moverme. No pude dejar de mirarlo cuando se lo puse, me dio gracias con la mirada, y me sentí mal, sentí que molestaba, que venía a estar solo. Así fue. Ella no vino, pero tampoco la esperaba,estoy segura. Leía la prensa, pero perdía cada poco la mirada por la ventana. En unas dos horas, sólo se levantó para cambiar de periódico.
Bueno, miento, poco antes de marchar se acercó al mostrador a preguntarme el nombre del grupo que sonaba. Me sorprendió mucho, no lo esperaba, casi no lo entendí, debió de notarlo. Era LePunk, con La Noria, y ahora recuerdo la fecha, era el 17 de diciembre. Al poco, salió, ya era noche, despidiéndose como siempre, con educación, con elegancia, pero con menos energía que otras veces.
Al salir me sentí fatal. Me dieron ganas de correr detrás de él y darle un abrazo. Pero no lo hice, estaba paralizada. No volvió, al menos yo no lo vi, nunca más, ni a él ni a ella.
Hace unos meses traspasamos el local. No sé qué fue de él, no volví a verlo, ni por la calle. Supuse que ya no estaban juntos, por ese último día, supongo. Deseé que no le hubiese pasado nada a ella. Pero él nunca más se me borrará del pensamiento. Ojalá sea feliz. Se lo merece.
4 comentarios:
"Ojalá sea feliz. Se lo merece. "
y ahora esto "¿ves la sonrisa que hay en mi boca? Esconde las palabras que no brotan..."
la sonrisa, como el abrazo o la mirada, no engañan.
Es genial observar sonrsas alrededor, rodearse de quién quieres .
Ojalça sea feliz...se lo merece...declina q eres, por lo menos, algo buena gente.
Siempre q puedo voy a ese sitio...estça muy, muy bien. Saludos
Gracias, Arianne, bonito nombre.
Como tú, los que vamos a Grand^la somos buena gente... al menos, hasta que se demuestre lo contrario!
Saludos,
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