sábado, 16 de mayo de 2009

Con el tiempo en contra, y Gamoneda

Durísimo, jugar con el tiempo en contra.

Saber que el tiempo que te queda cada vez es menor, y determinante, vital, sin poder hacer nada por alargarlo.

Como los minutos desde que sufres un ictus cerebral y hasta que llegas a urgencias, o desde que sabes que la meta de ese maratón en el que eres líder está muy cerca, pero las fuerzas no te acompañan.

El tiempo nunca es igual. Ves pasar como una ráfaga las ocasiones perdidas, por qué no me cuidaría antes, por qué no me distancié más cuando me resultaba tan fácil.

Y ahora el final está cercano, y es oscuro, y, por si fuera poco, acompañado de cierta sombra de culpabilidad. Por no haber hecho antes lo máximo, por posiblemente haber bajado la guardia en algún momento, haber sufrido algún desfallecimiento.

Durísimo. Durísimo el final, pero peor cuando ver venir su llegada, sin poder evitarlo.

Si lo veía venir, que ahora me resuenan estos versos de Antonio Gamoneda:

Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;

habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos.

Pero también quiero permanecer desconocido en ti.

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas vivente en ella, y así,
imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.

Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno
está en su propia luz

Y la mía es la que tú vas abandonando.

No hay comentarios: