viernes, 1 de mayo de 2009

Sindicalismo y 1 de mayo

Los propios sindicatos, la sociedad del bienestar, el adocenamiento como estrategia de gobierno (TV, deportes, juegos de azar, ideales de igualdad), lo han desvirtuado.

Pero hoy, en una situación de crisis de desconocida salida, cuando los parados de las empresas privadas se multiplican, más que nunca se hace la reflexión sobre la relación el hombre y el trabajo. ¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar?

Los actuales sindicatos parecer haber perdido como objetivo principal la defensa del trabajador por otros ideales, menos directos y más espúreos. Por ello, no es extraño el bajo índice de afiliación o la muy mala consideración de los sindicatos en la sociedad, sólo comparable con la de la iglesia, la justicia o los partidos políticos.

Algunas de las causas de esta situación están en boca de todos:
- La incapacidad para conseguir una unión, aunque fuese temporal, entre sindicatos, e incluso, con empresarios y partidos políticos;
- El comportamiento personal y profesional de sus dirigentes, muchos de los cuales los aprovechan para mantenerse en la empresa o alcanzar cuotas de poder interno en su organización;
- Los grandes presupuestos de las organizaciones sindicales, cuyos ingresos les generan pleitesías con el poder establecido contradictorias en ocasiones con la mera defensa de sus afiliados.

En tanto, ajenos a esta percepción y a su nulo aggiornamiento, se extrañan de la escasa participación en las poco efectivas manifestaciones convocadas hoy, un año más sin unión, pese a la crisis y a las cifras históricas de paro.

¿Qué más da? Ande yo caliente, y ríase la gente.
Aunque otro sindicalismo es posible, y necesario, ése parece ser el pensamiento de los dirigentes sindicales en este país.
Lo peor es que, visto lo visto, hasta van a tener razón.

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