miércoles, 13 de mayo de 2009

Locos egregios (4): Humberto


Es uno de los más populares locos egregios ourensanos, y, como muchos de ellos, ni siquiera nació en Ourense. Siquiera en Galicia, es portugués, y a mucha honra. Los muchos años entre nosotros –posiblemente sea el decano- no le han hecho perder su asento, con el que siempre nos saluda.

Fue un pionero del marketing urbano y de la atención al cliente. Cuando el puente romano/románico aún soportaba el tráfico, ahí lo teníamos, al final, en la inevitable parada del sempiterno semáforo en rojo. Fue el primero en ofrecernos cleenex, luego chicles, a unos ourensanos poco viajados. Y siempre con una sonrisa y muchas gracias, nadie le ha conocido jamás una mueca, un mal gesto, ya no digamos una mala contestación.

Enfermó de éxito. Ganancias fáciles, presa dorada para el negocio más sucio, en el que sospechamos de prebostes pero sólo vemos caer pobres camellos y padecerlo gentes como Humberto. Adelgazó, se escuchimizó, avejentó, desapareció un tiempo, pero sobrevivió del naufragio.

Ahora lo vemos menos, pero siempre con su bolsa de plástico llena de mercancía, y su sonrisa, te pares o no, compres o no. Se le fue un poco la olla, es verdad, pero de una manera alegre y optimista, es el rey de los niños que ya no asusta, como el grandón Sulley en Monstruos SA.

Desahuciado recientemente de un trastero de lujo en el edificio Viacambre –su pasión por la lectura de La Voz de Galicia de un vecino lo delató, ya con trienios-, no sé dónde habita, casi mejor no saberlo. Supongo será cerca, por no perder las costumbres. De hecho, aquí lo vemos en la entrada de La Bull, en las Mercedes, escapando del sol de mayo, tan perjudicial para las fotos de móvil.

Que sonría muchos años, y que nos contagie su optimismo, su perseverancia, y su capacidad de afrontar la vida, por dura que amanezca. Un buen ejemplo para todos, una bofetada para los que más se quejan.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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