Porque esto del ruido y las motos y esa gente no pija no gusta, cuidado con sus niñas, a ver si se relacionan con familias no conocidas de esta gente que estos días nos visita.Sólo por eso, a mí ya me gusta. Pero, como en ocasiones anteriores, lo destacable, encomiable, naturalmente felicitable, son iniciativas de este tipo en Ourense, ciudad de funcionarios y pensionistas -¿no es lo mismo?-, parasitaria del erario público y las nóminas y pensiones públicas cada fin de mes.
Ahora, el ingente esfuerzo, nunca reconocido, de unos no tan pocos, va a traer a la ciudad un montón de moteros que, poco o mucho, la conocerán y gastarán sus euros en ella. Y, quizás, harán patria de la misma en sus orígenes, y, quién sabe, cuando las canas peinen, vendrán unos días de nuevo... o a asentarse, esta vez en pareja.
Ahí queda el programa, para los rezagados, con actuaciones inclusive, y mucho ruido, mucha bronca, buena suerte y enhorabuena, animosos torques, que no decaiga.
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