Sólo quiero saber qué camino debo tomar, le preguntó Alicia.
Pues depende a donde quieras ir tú, le respondió el gato Cheshire.
Eso no importa, si tú me dices..- replica Alicia
Entonces, realmente no importa el camino que escojas, enfatiza Cheshire.
Sinceramente, creo que este gato de permanente sonrisa burlona hace buenas migas con la gata Eva. Porque, como ella, como embrujadamente, aparece y desaparece a voluntad, sin avisar, cuando menos se espera.
Y porque, lejos de proporcionarle seguridad y firmes convicciones, de sus conversaciones paradójicas y de lo paradójico de su existencia, quisiera hacerle ver a la gata Eva que la vida es un trabalenguas, un constante saber y no saber, que nosotros nunca podemos estar seguros de lo que vemos o de lo creemos que se muestra ante nuestros ojos porque puede tal vez no existir.
Lo bueno, o más bueno, es que, aunque el gato desaparezca física y gradualmente, siempre queda su amplia sonrisa. Alicia, o la gata Eva, habrán podido ver muchas veces gatos sin sonrisa, pero nunca sonrisas sin el gato al lado. Así siempre lo recordarán, cuando no lo tengan delante, y sólo eso es grande.Pero no me hagáis mucho caso, porque aquí casi todos están locos, tal vez tú no. Tal vez tú notes que yo no las tengo todas conmigo, pero que siempre sonrío cuando estoy a tu lado, aunque no me veas. Y que quiero siempre sonreir y que sonrías, y viceversa y simultánea y diariamente.
Y como ella es una artista, tan grande como vaga, al igual que creó una hermosa orquídea de euros y una silla con la càpsula de una botella de champagne -me llaman Diógenes, no os imagináis lo que me duele no haberla llevado-, quizás dedique su tiempo a elaborar un gato de Cheshire, para entretenerse, retarse, sonreírse, y acordarse de mí en el proceso... y cuando vea su sonrisa, que siempre es suya cuando la tengo delante.
Mi ayuda, esta plantilla.
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