De tortugas, exasperadamente lentos, con paradas y descansos escondidas en su caparazón, que en invierno se convierten en largas hibernaciones. Y, al mismo tiempo, pasos con una delicada exposición, fragilidad no fingida, que les hacen ganarse, indefectiblemente, el respeto de terceros.No muy distintos a los pasos del elefante, seguros, firmes y contundentes, cuyas pisadas, desde entonces imborrables, hacen estremecer los cimientos más sólidos.
¿Más parecidos? En ambos casos, son pasos que caminan hacia una misma dirección: El Futuro.
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