Pasó mucho, mucho tiempo mirándola, sin moverse, nada, para no despertarla, sonriendo con los ojos húmedos de una felicidad enorme que escapaba a la razón, hasta quedarse profundamente dormido. Cuando despertó, ella no estaba.
El sueño había acabado.
2 comentarios:
Malditos sonos que sempre rematan...
Bico!
Hoy nada puedo decir, no distingo el sueño de la realidad, pero es por estar muerto, nada más.
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