De un modo inconsciente, no buscado, se almacenan esos recuerdos en la parte más profunda de ese hard disk que es nuestro cerebro, y que tantas veces se cuelga, para que su acceso resulte casi, casi imposible.
Sin embargo, los acontecimientos dolorosos, no sólo no se pueden olvidar inconscientemente, sino que, aún deseando olvidarlos, vuelven una y otra vez a nuestro recuerdo, muchas veces acompañados de esas lágrimas, furtivas o en imparable cascada, con la misma nitidez y sufrimiento que en su momento.
Es por eso que no olvidamos las fechas más tristes, y sí los aniversarios de boda, cumpleaños u otros.
Yo no puedo ni creo que nunca pueda olvidar el 15D, cuyo aniversario traigo aquí hoy, quizás con el tiempo mitigar su grande y asociado dolor.
Y cada vez que vuelvo a visionarlo, me veo como en la foto, cuan Bogart entre la niebla y la nada, preparándose para soportar su soledad, ahora multiplicada, con su whisky y sus recuerdos.
1 comentario:
Suena petulante, pero así me sentía yo, como un bogart dejando escapar el amor de su vida por su bien.
De hecho, desde entonces me aficioné peligrosamente al whisky en soledad, y más a la soledad.
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