Lo admito, una rara advertencia te evitó que unieras ilusiones en repentina obsesión.
La advertencia unía restos antiguos, temas enteros que uno imaginaba enterrados, rancios, oscuros. La amenaza, urdida repentinamente, afectaba también extrañas querencias universales, intuiciones enteras rígidamente ordenadas. Lo armónicamente único, real, anterior, tornose estatua quieta, uniforme, inane, episódica, radicalmente obsoleta. Lamentablemente, actuó una repentina atracción, tensionando energías que uno intentaba evitar, retener obcecadamente.
1 comentario:
Creo que nadie descubrió nada aquí.
Así mejor, o no.
Publicar un comentario