viernes, 16 de enero de 2009

Sabrina y sus amores

La sabiduría popular está llena de refranes que concentran el conocimiento transmitido entre generaciones. Por ejemplo, el dicho de “nunca segundas partes fueron buenas".

En el cine, un remake, es decir, la repetición de una película anterior, es un buen ejemplo. Al margen de su éxito económico, su calidad suele ser siempre inferior al original, en la vida habría que saber replegarse a tiempo.

Sydney Pollack (Memorias de África, Tootsie), fallecido en 2008, dirigió “Sabrina y sus amores”, un remake de la obra maestra que dirigiera en su día Billy Wilder, con H. Bogart y A. Hepburn como protagonistas.

Son dos hermanos: Linus (Harrison Ford) el mayor, un pureta que sólo se dedica al trabajo, y el pequeño, que, como siempre, es el más crápula y alocado.
Y, como siempre, ella, la joven hija de un noble empleado de la empresa, se enamora del crápula, y hablan de matrimonio.
El sensato y mayor intenta persuadirla, pero, por ese trato y esa ocasión de conocerse, ella, pese a su juventud, se enamora perdidamente de él, y él, pese a su edad y las circunstancias, conoce el amor. Tan grande y puro es, que hasta los seres queridos –hermano expretendiente, madre del novio, padre de ella-, los empujan a la unión inevitable.

La película, clasificada como comedia romántica, es entretenida, y el final es muy feliz ¿qué más pedir? Cine es cine.

Para quien no la vaya a ver, y no le importe que se destripe el final, dejo un vídeo de 8 minutos, homenaje al amor sin barreras. Cine es cine.

1 comentario:

ourensan dijo...

Unos cabrones los que eliminaron el acceso al final del remake de Sabrina.
Ella, humillada antes, resultó ser amada, necesaria, para un viejo racional y frío, que, a lo pretty woman, fue a por ella. Hasta su padre está de acuerdo.
Hay similitudes y diferencias, claro, pero, a diferencia de esta realidad, el amor en el cine siempre triunfa.