En el cine, un remake, es decir, la repetición de una película anterior, es un buen ejemplo. Al margen de su éxito económico, su calidad suele ser siempre inferior al original, en la vida habría que saber replegarse a tiempo.

Sydney Pollack (Memorias de África, Tootsie), fallecido en 2008, dirigió “Sabrina y sus amores”, un remake de la obra maestra que dirigiera en su día Billy Wilder, con H. Bogart y A. Hepburn como protagonistas.
Son dos hermanos: Linus (Harrison Ford) el mayor, un pureta que sólo se dedica al trabajo, y el pequeño, que, como siempre, es el más crápula y alocado.
Y, como siempre, ella, la joven hija de un noble empleado de la empresa, se enamora del crápula, y hablan de matrimonio.
El sensato y mayor intenta persuadirla, pero, por ese trato y esa ocasión de conocerse, ella, pese a su juventud, se enamora perdidamente de él, y él, pese a su edad y las circunstancias, conoce el amor. Tan grande y puro es, que hasta los seres queridos –hermano expretendiente, madre del novio, padre de ella-, los empujan a la unión inevitable.
La película, clasificada como comedia romántica, es entretenida, y el final es muy feliz ¿qué más pedir? Cine es cine.
Para quien no la vaya a ver, y no le importe que se destripe el final, dejo un vídeo de 8 minutos, homenaje al amor sin barreras. Cine es cine.
1 comentario:
Unos cabrones los que eliminaron el acceso al final del remake de Sabrina.
Ella, humillada antes, resultó ser amada, necesaria, para un viejo racional y frío, que, a lo pretty woman, fue a por ella. Hasta su padre está de acuerdo.
Hay similitudes y diferencias, claro, pero, a diferencia de esta realidad, el amor en el cine siempre triunfa.
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