Dos veces -bueno, tres, tantas veces me dijo también no estaba enamorada-, siempre en la terraza del Trampitán –ahora sí un referente, con el sinigual Alfredo, nada que ver con la etapa del ¿artista? Xoán/Juan Torres, ni cuando Cavarquesa-, la misma escena: “Tienes una pestaña en la cara, ¿puedo retirártela?".“Claro”, pero, claro, siempre antes, “dime en qué lado está”, señalándomelo con tu mirada –qué ojos-.
Una sonrisa por el acierto, seguida del “pide un deseo” y del “…¡pero no me lo digas!.”
Y siempre el mismo deseo, para que las cosas pasen, al menos hay que desearlas, y quien no tiene sueños, quien no conserve esperanza, perdió su vida.
Así es como creía que era ella, siempre luchando por lo imposible, siempre conmigo.
1 comentario:
El deseo era "Quiero vivir contigo", sin necesidad de pensarlo.
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