sábado, 22 de agosto de 2009

Corriendo en la búsqueda de lo importante


Ésta es una vieja noticia que no me pude resistir en traer aquí:

En una fría de mañana de enero, un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar a violín, durante 45 minutos, obras de Bach. Más de mil personas pasaron a su lado, pero sólo 7 personas se pararon, y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Curiosamente, los niños fueron quienes más atención prestaron, pese a las prisas de sus padre, que los arrastraban literalmente, mientras ellos seguían mirándolo con la cabeza volteada.

Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimiento alguno.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, en una interpretación tan difícil como magistral, con un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell había llenado un teatro en Boston, con localidades en torno a los 100 dólares. Algunos de los que las pasaron a su lado esa mañana las habían comprado, habían asistido.

Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente. ¿Percibimos la belleza?, ¿Nos detenemos a apreciarla?, ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?.

Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar al mejor músico interpretar la mejor música ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?.

La reflexión es: ¿valoramos realmente todo lo hermoso que pasa a nuestro alrededor?
(Subreflexiones: ¿estamos siempre condicionados? ¿Buscamos excusas para no detenernos ante lo importante? ¿Tenemos una aptitud de apertura y curiosidad hacia el mundo? ¿Huimos de lo no conocido o clasificable? ¿Cuáles son nuestras prioridades? ¿Utilizamos la prisa como excusa? ¿Tanto nos asusta lo novedoso?)

A mí me vienen a la cabeza dos imágenes superpuestas: la del conejo loco de Alicia en el país de las maravillas –sí, el del feliz día del no-cumpleaños, sí-, y ella, también, siempre con prisa, siempre escapando. Tendré que descansar un poco.

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