miércoles, 12 de agosto de 2009

Reflexiones tardías

En la cafetería del geriátrico, en Piñor, los hijos de sendos mayores, digo seniors, conversaban, después de mucho tiempo sin verse.

- Yo, necesitaba que me quisieras, me dieras tu amor, pero también tu seguridad, alguien con quien pudiera cerrar los ojos.

- Yo, dijo ella, era muy joven, buscaba un líder, alguien con quien dejarme llevar y ser feliz.

- Nos dimos cuenta muy tarde, ¿verdad?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Al menos eran los hijos y no los padres.

Chusa dijo...

La suerte o la desgracia de los caminos paralelos es que nunca llegan a juntarse. Y aunque los vislumbres en el horizonte muriendo juntos,quizá su magia reside precisamente en eso.
Un beso.

ourensan@ dijo...

Mueren en nuestra percepción, Chusa, limitadamente humana, pero son infinitos, siempre juntos, y eso también es magia.
Lado positivo, como era, es, mi camino ahora lejanísimamente paralelo.
Un beso, y otro paralelo.