martes, 25 de agosto de 2009

Nervios por desnudarte

Eran nervios. Durante media hora, más menos, al principio de cada encuentro. Sin silencios, con muchos pitillos, y siempre fotografiándome el alma.

Con el tiempo, se fue reduciendo esa carencia, ese tiempo previo antes de desnudarte. Aunque nunca del todo. Ya no eras, ya no te sabías, vestida de autosuficiencia y distancia, esperpéntico traje con el que te fuiste.

Eras desnuda, top less, si quieres, con mirada franca, ya no retadora, y piel morena. Los demás te seguían viendo embutida en cuero y con tu fusta castigadora, quizás por eso deseaban reducirte, poseerte, violarte.
Conmigo, cuando decidías verme, es que ya podías presentarte transparente, sin disfraces ni abalorios, casi sin esfuerzo.

Te sorprendías de la situación, a solas, cómo no sonrojarte, cubrirte, taparte, huir, al recordarte desnuda en cada cita, cada terraza. Pero volvías, y enterrabas miedos y sacabas sonrisas y confianzas.

Pensaba que te estabas reencontrando con tu cuerpo,que te veías orgullosa y confiada cuando te mirabas, desnuda ante el espejo. Estaba equivocado. No hay adolescente que ame su cuerpo, que se vea feliz, serena y complacida consigo mismo.

Y te cubriste de nuevo para mostrarte, altiva e inexpugnable, a quien quisiera el duelo, el envite, ese juego en el que siempre ganas, en el que nunca más arriesgarías nada.

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