Hay aniversarios y aniversarios. Celebraciones de meras repeticiones de ciclos temporales. Como casi hoy, 90 días desde su adiós sin adiós. Te llamaré esta semana, antes del viernes. Diez para los cien. Noventa mañanas recibiendo una palada de cal viva en los ojos al abrirse, solos, sin más compañía que su recuerdo.
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