Goza de unas impresionantes vistas a toda la ría, pero sólo es esporádicamente visitado por algún turista en verano, y, en invierno, como despedida y cierre de borracheras colectivas, y como tranquilo hotel de parejitas.

- Es cierto, yo he ido alguna vez.
- Yo también, lo confieso.
- Pero nunca hemos coincidido.
Subí, después de más de 20 años, mi época (más) golfa, esta vez a pie.
Al bajar, sudoroso por ese sol de sábado mañanero, paré a retirar de la cuneta, sobre un lecho de maleza seca, una botella de vidrio decerveza.
Ardía, casi me quemo la mano.
Pero, otra vez, evité un incendio.
2 comentarios:
Y como se quedan los montes despues de los magostos... una penita. Buena accion la tuya, que debieramos seguir muchos, trataré de acordarme cuando en mis salidas fotograficas me encuentre alguna botella abandonada :)
Saludiños
genial! genial salir, genial amar la naturaleza y lo puro, natural, real.
Un bicourensano
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