sábado, 29 de agosto de 2009

Su Plaza


Ésa era mi plaza, le dijo a su hasta entonces desconocido compañero, con el que se sentó.

Ella era así, siempre el chiste fácil, la primera ocurrencia, imposible pasar desapercibida.

Él, por una vez, se mordió la lengua. La hubiera abochornado en público, el comentario intranscendente para él resultó provocador, hiriente, tenía sus motivos.

Ella nunca lo supo.

Tampoco supo que ésa no era su plaza. Su plaza era otra, que rechazó.

2 comentarios:

Merce dijo...

A veces somos reticentes a aceptar algo, desconfiados o sencillamente poco atrevidos. A veces rechazamos tambien, sin saber que se nos hace una oferta. Las relaciones humanas son complicadamente sencillas :)

Biquiños.i

ourensan@ dijo...

Al menos, sabemos que no siempre la culpa es del otro....
Bikos!