domingo, 8 de noviembre de 2009

Sexo


¡Todo lo contrario! Es joven, tiene libertad y las hormonas revolucionadas, ¿cómo no va a disfrutar?¿por qué me iba a preocupar? Que disfrute del sexo, ese placer único y democrático. Más bien me preocuparía de lo contrario, de la ausencia de sexo, aunque sólo sea puntual, mecánico y sin compromiso.


¿Celos? ¡Imposible! Los celos son incompatibles con el amor y la confianza, no es una frase hecha, es una realidad. Lo que me fastidiaría será que amase sólo para demostrarse capaz, o que tenga que follar para presumir con sus amigas de lo chula que es y las conquistas que tiene, nada más. Y que, por tanto, escoja y presuma de esas parejas extrañas, lejanas o de trabajos a turnos, de falsas grandezas en sus elecciones, en general, no sólo en el sexo, de placer sin deseo, sin lubricar, que sólo produce escozores, alergia psicosomático al látex.


¿Envidia? Ahí me has dado… Pero lo dicho. Amar sólo por presumir, por revancha, por autoestima, o por demostrarse algo, a estas alturas, como que no me lo creo en ella. Amar con deseo, con pasión, lo necesita, tiene que vivir, ahora que es joven y no quiere ni quiere querer.

La envidia sería cuando llegue el momento, si llega, de amar con amor, con abrazos después de la noche, sin despedida de madrugada, o cogidos de la mano, al agotarse las ganas. Amar con amor, qué grandeza, qué envidia. Pero sana. Tan sana, que, lo juro, si le llegase sin ser conmigo, la lógica envidia inicial se transformaría en felicidad. Que sí, que sí, felicidad, tampoco es frase hecha. Es Amor, con mayúsculas y negrilla, aunque, en ese caso, si se diese, necesariamente reconvertido en cariño, una vez despojado del deseo que el respeto que merece anula.

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