viernes, 13 de noviembre de 2009

Una furtiva lágrima

Lucha por ella, pero que no te vea llorar. Hay que querer mucho para reconocer la realidad, por dura que sea, para decir eso.

También es cierto que sabía que no iba a luchar por ella, por nadie en general ni en particular, es cierto, pero menos por ella, porque tiene que descubrir primero qué quiere, y porque precisamente porque se merece algo mejor, algo más joven, para llenar toda su vida, eso es lo primero.

Intenté, al menos, que no me viese llorar, las mujeres saben lo que dicen.

Y lo iba consiguiendo, siempre escondía mi tristeza hasta que entraba en su portal, se cerraba la puerta, se consumaba la despedida.

Aquel día no pudo ser. Toda una tarde de un viernes con trampa. Se fue pronto, no quiso más. Pero antes, a su manera, dos mensajes: “me voy de vacaciones con un amigo (sic)” (lo peor no es la noticia, lo dicho, la realidad, sino lo callado, lo ocultado); pero, sobre todo, tu sentencia: “sé que esto se acabará”. No fue casual, nada es casual.

Me di cuenta, como siempre tarde, cuando me acercaba en su coche, sonaba Yan Tierssen (sí, el de Amelia, pero, sobre todo, el de esos 3 mp3 que me enviara, que no podía dejar de oir, repetidamente, en el trabajo.

Recordarlo fue profundamente doloroso, inexplicable. Desvié la mirada por mi ventanilla, fui incapaz de evitar que se me escapase un inoportuno gotón, que, aún así, vio. Maldigo el momento. Nada hablamos, ni entonces ni nunca.

Días antes, también por vez primera, no había acudido a su cita –ella era la que fijaba las citas-, sin tan siquiera avisar. Ni a un perro, y menos ella. El mensaje estaba enviado.

Y, poco después, el innecesario “confía en mí, nunca te haré daño”. Poco, muy poco después de marchar, como se fue, sin despedirse, después de su "siento que esto llega a su fin, como una imposición de plazo fijo", su fatídica despedida, por teléfono, sus últimas palabras, en las que confié como un niño, como un tonto: “te llamaré esta semana, antes del viernes”.

“No me gusta que pienses tanto las cosas”, también me dijo ese mismo día.

Maldigo mi suerte.

2 comentarios:

Isabel dijo...

Sinceramente , te diría algo si esto no fuese un comentario público… pero en el fondo creo que sabes el “calificativo” que sería.
Te han matado la confianza y yo creo que también la inocencia, pero algo te digo, el dolor amainará.
:o)
Un abrazo

ourensan@ dijo...

gracias