Y es que me recuerda aquella situación, en la que el cura, acostumbrado a ver salir al mismo hombre del club de alterne frente su iglesia, un día le para y le pregunta: “Perdone, buen hombre, me tiene usted sorprendido. Veo que casi diariamente frecuenta ese lugar de perdición, y, sin embargo, al salir, siempre se santigua. ¿Puedo ofrecerle mi ayuda espiritual?”“¿Santiguarme?, le pregunta sorprendido. ¡Qué va!, yo lo que hago al salir es palparme el bolsillo interior izquierdo de mi americana, para comprobar si llevo la cartera, luego el derecho, para coger las llaves, luego comprobar si llevo subida la bragueta, y, por último, acerco mis dedos a la nariz para ver si huelo a coño!”
Una risa. Como la vida misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario