viernes, 30 de enero de 2009

Despedida en Café Real Ourense

El Café Real es uno de estos lugares mágicos de Ourense, por donde generaciones hemos pasado y vivido experiencias inolvidables. Sólo por eso, nunca debiera cerrar, nunca perderse el aura que emana.

Hace unos seis meses que no entraba, y recordé que, aquella mañana de agosto, en mi mesa favorita, al fondo, frente al espejo, me había encontrado con algo extraño.

Lo recuperaré, me dije, para que su autor o destinatario, quizás, quién sabe, algún día se dé cuenta, si cae por aquí, demasiadas coincidencias, difícil Message in the buttle. (Más bien, su lectura me trajo a la mente aquel tema, “Amada”, de Ana María Drack, otrora cantante y poeta, ahora también empresaria).

Y busqué una foto del Café, para acompañar, pero no la encontré. Sí, de la Bilbaína, el Mercantil, el Miño, el Roma, de casi todos los desaparecidos, pero nada de fotos del Café Real, ni del Bohemio –un saludo, Pepe, donde andes-, Miudiño o Druida, por ejemplo.

Pues ya la hay, y está aquí.

Café Real Ourense

Y esto es lo que me llevé de ese día:

No te preocupes, te llamaré,
Me dijiste, vendrás a buscarme,
Acompañaré tus silencios
En mi playa que te espera.

Te llamaré, la despedida fue más breve,
Sólo unos días, será el final
Ese paseo sin terceros
De la mano, me dijiste,
O lo pensé, ya no lo sé.

Te llamaré, te llamaré,
Repetiste y me mirabas.

Y preparé el petate, me despedí de todo,
Diariamente, ese ritual,
Esperando ese disparo
De la llamada que no llegó
Que no llegó, en esos días
En los que te despediste de mí,
En los que me despedí de todo.

2 comentarios:

Ánxelis dijo...

Por favor estaria interesado en ver esa fotografía que usted menciona del Mercantil, si no me equivoco solo tengo 1 y eso no llega pa ná.

ourensan@ dijo...

Otra sorpresa, la de Ánxelis, buen trabajo el suyo, y eso que lleva unos días sin entradas...

"Me dijiste que te ibas/Y yo lloré/Con el manto de Penélope/hice mi niñez/HOy me quedan tus palabras/que atormentándome/repiten sin cesar/amada, amada/vendré a buscarte/amada, amada..."

Allí fue la primera vez que me sentí engañado por ella. Sólo intuiciones: no mirar a la cara, no sonreír, encender sola su pitillo... Creo que así fue, quizás sólo fuese no vincularse para disfrutar mejor sus vacaciones.
Fue triste, una primera mancha en una confianza hasta entonces impoluta, nada había que ocultar, mucho menos nada justicaba el engaño, la duda... No promesas, no mentiras, no reproches. Un poco lo que fue el final, lo que propugnan los católicos, las verdades, a la cara, ¿para qué?