Mirad que pone aquí, señalando el periódico: “Las esposas de los emigrantes, antes de partir, los saciaban sexualmente, con el primitivo objetivo de que tardasen en tener esas necesidades en su destino, y que el recuerdo de la distancia fuese siempre placentero.”¡Qué novedad! ¡Eso es precisamente lo que hace siempre mi mujer cuando tengo un curso o un viaje que me obligue a dormir fuera!
Antes de marchar, comentó con voz uniforme y mirada perdida el tercero, ella me llenó de cariño y me repitió “te quiero mucho”. Era algo insólito, no sé cómo no me di cuenta en el momento, debió de ser por lo mucho que lo estaba disfrutando. Desde luego, lo que ha conseguido es que retumbe permanentemente en mi memoria, y que aflore así cada vez que pienso en ella.
Eso ya es parte del pasado, olvídalo, animosamente respondieron, intentando evitar el embarazoso silencio, vamos a tomar unas copas en otro lado, antes de salir.
(Conversación oída en el café Chaplin, del Puente, o en el Plaza, de la Paz Nóvoa, ya sabéis, mi memoria de pez siempre jugándome malas pasadas).
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