
Siempre me fascinaron los anuncios publicitarios, porque suponen un despliegue ingente de recursos, medios e ideas, concentrados en una página a todo color, con el único objetivo de provocar el deseo de compra.
Con ellos, el hombre de las zonas desarrolladas se convierte en consumidor, más que persona, mientras que en el resto del planeta, a una hora de vuelo, su cualidad de persona sigue conviviendo con la de candidato a la muerte por inanición.
En este caso, la imagen me turba, y aún no he descubierto los motivos.
Ella, proyección de la consumidora a quien va dirigido, se siente segura y satisfecha, aunque no diría feliz. Bajo su aparente frialdad, deja entrever una enorme satisfacción en lucir, a cada lado, sus dos trofeos. Uno, el hombre, domesticado, andrógino y semidesnudo, a su servicio incondicional. El otro, en primer plano, su bolso, de lujo hípercaro, Loewe, su otro signo de estatus.
Parece ser éste el deseo del publicista: un nuevo marco de las relaciones hombre-mujer, en la que deliberadamente mezcla independencia y autonomía, con sometimiento y posesión del hombre, antes su opresor, y de sus productos exclusivos, como fuentes imprescindibles de la felicidad. ¿O será todo un gran error? Se agradecen ideas, sigo turbado…
2 comentarios:
sometimiento y posesión son dos palabras que nunca deberian tener nada que ver con las relaciones personales...
Creo que el anuncio intenta expresar exactamente eso que tú dices... pero se equivocan de medio a medio... ¡¡Claro que yo nunca me compraría un bolso de Loewe!!
Bicos...
¿o será todo un gran error?
un besourensano
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