viernes, 17 de abril de 2009

El chalet de la calle Vicente Pérez

Hubo un tiempo en el que atravesar la ciudad, dando un paseo desde la calle Paz Nóvoa hasta la calle de Vicente Pérez era un lujo para los sentidos. Por la tranquilidad de la ausencia de coches y la relajación del tiempo, que permitía detenerse a comentar cualquier tema con los convecinos, intentar esos contactos visuales previos al futuro matrimonio descendencia, o, simplemente, recrearse en la hermosa arquitectura de esos tramos.

Fueron edificios nacidos desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, momentos de desarrollo económico y urbanístico en toda Galicia.

Lamentablemente, la especulación económica y la falta de sensibilidad nos hicieron perder joyas arquitectónicas en toda la ciudad, y la calle Vicente Pérez, luego Fermín Galán, no fue una excepción. Entre las barbaries cometidas está la demolición de este famoso chalet, que muchos ourensan@s de media edad recuerdan todavía.


Desconozco quién fue su arquitecto, aunque sospecho que Antonio Alonso Vargas, quien posteriormente levantaría, por encargo del mismo propietario, el ínclito empresario Julio Losada, el teatro Apolo, luego, por motivos obvios, Teatro Losada.

Normal que el blog hermano ourensenotempo busque desesperadamente una foto del chalet Losada, porque es muy, muy difícil encontrarla. Pero impossible is nothing, y …voila! Dedicado a su autor, y a un amigo especial, que está pasando un mal momento personal, del que saldrá, seguro, mejorado.

Se trata de una toma, original en blanco y negro, de los años 30, con toda la fachada en su esplendor. Por la ligereza de los materiales, parece también posible la asignación al mismo autor. Seguro que la doctora Carballo-Calero tendrá la respuesta.

Y, como quien no quiere caldo, dos tazas, ahí van dos instantáneas más, en color algo perdido por ser papel Kodak, de unos años después. Al menos, que sirva de referencia para recordar unos, imaginar otros, lo hermoso del gran jardín, que servía de juegos infantiles, primero, y de espacio de relax, después, cuando un ala del chalet se habilitó como fonda.

Lástima de paleadora, aunque, visto lo visto, la desproporcionada fachada del edificio Viacambre –realmente está “fusilada” de una similar en París, pero ubicada en una plaza que permite disfrutar de su perspectiva-, ha sido lo menos malo de ese tramo –realmente de todo el Paseo-, que, después de ser Fermín Galán, se renombró en José Antonio, aunque siempre fue el Paseo, la arteria vital de la ciudad, y pese a la resistencia al cambio de unos cuentos, y a los intentos del arquitecto popular Luis Chao, con piqueta, premeditación, alevosía y nocturnidad, para evitar una ciudad más humana, algo en lo que todavía tenemos mucho que aprender -¿para cuando la sencilla peatonalización de la calle Teluro, y la ampliación de aceras de la zona de “los Ramones”?.

No hay comentarios: