lunes, 14 de septiembre de 2009

Defectos


¿Defectos? Todos. El principal, la edad. Bueno, y esa obstinación, obcecación, inflexión, combinada con su capacidad de sufrimiento, que utilizaba especialmente cuando se engañaba a sí misma, ése sí que era el defecto, con mayúsculas, consecuencia de la edad, lo dicho, y de una vida demasiado fácil, quizás, sólo con una herida, aunque mal curada (ella dirá lo contrario, y de ahí no se apeará, lo dicho).

Tiene más, claro, estar enamorado no significa estar ciego, eso sólo al principio. Parece despecho destacar los defectos de nadie, pero hasta ella, si leyese esto, sabría que es todo lo contrario (eso sí, a la tercera lectura, y después de poner una serie de muecas de desconfianza tan características suyas -¡otro defecto!-).

El resto, o ya cayeron por aquí, o son todos aquéllos que ella me reprocha. Porque criticamos en los demás el reflejo de nuestros propios defectos. Y el amor, a diferencia del dicho, se da entre personas muy parecidas, aunque aparentemente distintas. Como dijo un día, tenemos muchas cosas en común. Hasta los defectos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente crees que te reprocha algo? Sin motivos nunca hay reproche.

Anónimo dijo...

Impresionante!!!Estoy de acuerdo contigo en que amar supone la aceptación plena de la otra persona, defectos incluidos. También creo que la chispa siempre suele saltar con mayor facilidad entre dos personas iguales que antagónicas (y no me refiero a rasgos físicos) aunque a veces tarden tiempo en ser conscientes de ello, y que siempre resulta mucho más fácil ver los defectos del otro que los propios, a los que acostumbramos a hechar la culpa del fracaso. Claro que también creo que normalmente es aquello que más nos atrae de la otra persona, lo que a la larga se termina convirtiendo en distancia insalvable, y es entonces cuando comenzamos a buscar justificaciones (=los defectos, siempre del otro).
PD: ¡Que rollazo! Hacía mucho que no escribía nada. Unha aperta, paisano.

ourensan@ dijo...

Qué guay! Dos anónimos escribiendo sobre el mismo tema. Mola.
Claro que me reprocha, soy el culpable de todo, sin duda.
Si no fuera así, o no podría vivir -siempre buscaba la culpa en terceros, prefería llevarse mal con jefes, exparejas, incluso familia, antes de asumir la realidad-, o no podría, por lo dicho, mirarse al espejo.
por eso se fue así, sin poder mirarme a la cara. Inadecuado final para algo hermoso, adecuado si todo fue falso, no existió, como escribió en su despedida.

Y de rollo, nada. Es muy difícil, primero, llegar a asumir que a quien amamos se nos parece tanto, y, segundo, ver en él sus errores y desear no corregirlos, sino perdonarlos, tolerarlos, convivir con ellos, porque sólo queremos lo mejor para él. Es algo egoísta el amor, pero hay que ser muy grandes para amar, no vale cualquiera, la mera convivencia es otra cosa.

Quizás falte decir, y ahora sí acabo mi rollo yo, que también es cierto que en una pareja no puede una parte amar mucho más que la otra, porque, os lo digo por experiencia, la otra ni lo valora, ni lo quiere, ni lo retiene, ni lo merece.

Muchos bicos para los comentaristas del día del aniversario, el primer adiós, por teléfono, ya veis, al que respondí, no me vio llorar, tienes todo el tiempo del mundo.

Pues eso, bicos, muchos bicos, mucho tiempo

Anónimo dijo...

El principal defecto no es la edad, sino no decirse las cosas a la cara. Quizá para eso hay que confiar en la otra persona y eso siempre es muy difícil para cualquier de los mortales.

Merce dijo...

El tiempo hace que los defectos se limen con mas enfasis, no es que no estén ahí, cuando salen y lo hacen a la vez, se convierten en armas de doble filo, y entonces ya, ya está liada la gorda, sirven pues para dispararlos uno contra el otro tratando de hacer diana, pero diana eh? luego claro... hay que quitar los dardos y hacer recuento a ver quien hizo mas puntos... O, tambien puede ocurrir que uno de los dos pase, porque claro, ya es un defecto tan superconocido que hasta incluso ni le prestas atencion...

Eso si, los defectos se mueren con uno, es por ello que hay que aprender a aceptarlos. A veces creemos que nos reprochan y sencillamente alguien está tratando de hacernos llegar que estamos fallando en alguna cosa que puede hacer daño a otros o a uno mismo.

:)

ourensan@ dijo...

Me sorprende tu último comentario, anónimo, porque me recuerda a ella, nunca reconocería, nunca reconoció, que la edad era el problema.
La culpa siempre se la achacaba a otras causas, también el no hablar, mira tú, que lo diga ella, mi niña, mi vida para que sea feliz.
Porque por niña precisamente no quería hablar, para no enfrentarse con una realidad que le superaba, que nunca se quería creer, por miedo, cierto, por heridas mal curadas, pero también por deseos de libertad, lógicos, es demasiado joven, quién quiere tan pronto perder la libertad de no reconocer la exclavitud de lo más grande, de preferir perder la vida por compartir una vida, por el ser amado.
No sé si crecerá, ni si algún día estará preparada para hablar, ojalá sea feliz, ojalá sea feliz.
Y Merce, reproches como dardos sólo se dan en ex parejas que han coincidido pero no se han amado.
Yo jamás reprocharía nada de quien amé. Porque, aunque el amor acabe, fue elegido y deseado, con consecuencias, y arrepentirse a posteriori es reconocer o que no hubo amor o que no lo merecíamos.
Alguna vez teníamos que discrepar, ¿no?
Hoy, el beso más sincero y profundo,aunque, cosas de la juventud, virtual.