jueves, 6 de mayo de 2010

Ciclo vital femenino

Cuando llega la menstruación, la niña se convierte en mujer, ya puede engendrar hijos, se convierte en la reina de la creación. Disminuye su ritmo de crecimiento físico, y su cuerpo se transforma en un batiburrillo de hormonas en ebullición que le generan un sinfín de desavenencias interiores que alcanzan su punto de ebullición en la adolescencia.

Es precisamente cuando se alcanza el equilibrio hormonal cuando el cuerpo deja de crecer, y, desde entonces, técnicamente, ya no se es niña, y el crecimiento es ahora interior, se sigue creciendo y madurando cada día. Al igual que los que están diariamente con los niños no los ven crecer, sólo los que se encuentran cada poco tiempo con esos niños y ya no niños perciben claramente los efectos de ese crecimiento, físico e interior.

A partir de los 40 cuando lo que antes era crisis hormonal, ya superada, se transforma o, mejor dicho, se puede llegar a transformar, en algunos casos, en crisis vital, por el conocimiento de estar viviendo las últimas estaciones para ser madre.
Aunque la menopausia es técnicamente el momento de inicio de la no-fertilidad, es entonces cuando hay que adoptar la decisión más importante de la vida, que afecta y determina su futuro, y, en su caso, el de otros.

Con o sin descendencia, genética o adoptada, a partir de los cincuenta, cuando vital y profesionalmente se ha alcanzado un punto de equilibrio, es cuando aumenta el tiempo dedicado a uno mismo, que ya es merecido y abundante a partir de la jubilación, y que se disfrutará así se haya querido disfrutar en las etapas anteriores.

Claro. Claro, cada caso, lo expuesto es simplista, machista y determinista, cada persona es un mundo, y no pueden marcarse fechas estándares, por supuesto, qué manía humana en clasificar.

Pero –siempre el principio de una mentira-, quien más vehementemente proteste por esta clasificación y determinismo vital, posiblemente más ciertamente lo esté viviendo.

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