Es precisamente cuando se alcanza el equilibrio hormonal cuando el cuerpo deja de crecer, y, desde entonces, técnicamente, ya no se es niña, y el crecimiento es ahora interior, se sigue creciendo y madurando cada día. Al igual que los que están diariamente con los niños no los ven crecer, sólo los que se encuentran cada poco tiempo con esos niños y ya no niños perciben claramente los efectos de ese crecimiento, físico e interior.
A partir de los 40 cuando lo que antes era crisis hormonal, ya superada, se transforma o, mejor dicho, se puede llegar a transformar, en algunos casos, en crisis vital, por el conocimiento de estar viviendo las últimas estaciones para ser madre. Aunque la menopausia es técnicamente el momento de inicio de la no-fertilidad, es entonces cuando hay que adoptar la decisión más importante de la vida, que afecta y determina su futuro, y, en su caso, el de otros.
Con o sin descendencia, genética o adoptada, a partir de los cincuenta, cuando vital y profesionalmente se ha alcanzado un punto de equilibrio, es cuando aumenta el tiempo dedicado a uno mismo, que ya es merecido y abundante a partir de la jubilación, y que se disfrutará así se haya querido disfrutar en las etapas anteriores.
Claro. Claro, cada caso, lo expuesto es simplista, machista y determinista, cada persona es un mundo, y no pueden marcarse fechas estándares, por supuesto, qué manía humana en clasificar.
Pero –siempre el principio de una mentira-, quien más vehementemente proteste por esta clasificación y determinismo vital, posiblemente más ciertamente lo esté viviendo.
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